La impotencia de no saber, o no poder, ayudar a tener una buena muerte

Hace unos días nos avisaron por una señora de unos 75 años que se había puesto muy grave en la residencia de ancianos en la que vivía.   Cuando llegamos nos encontramos a una mujer tan sumamente delgada, gastada, sin color, sin movilidad, que desde la puerta nos pareció que había fallecido. Tuvimos que acercarnos... Seguir leyendo →

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