Qué suerte tenéis los sanitarios, que sabéis lo que hay que hacer

Cuando me toca atender a un niño que no está grave, pero al que es recomendable trasladar al hospital (por fortuna, la mayoría de las veces: convulsiones febriles, accidentes no demasiado serios…) tengo la oportunidad de ir charlando en la ambulancia con los padres/madres que acompañan al peque.

Voy dando consejos sobre qué hacer si la convulsión febril se repite, o sobre lo que deben vigilar en casa si a su hijo le dan el alta tras un golpe en la cabeza…

Y casi siempre escucho alguna de estas frases:

-Perdón por haber llamado, es que me asusté tanto…

-Perdón por estar llorando, pero es que estoy tan nerviosa que no puedo evitarlo…

-Te debo parecer un(a) ignorante, pero no tenía ni idea de nada de esto…

-Qué suerte tienes, tú que estás acostumbrada a estas cosas y sabes lo que hay que hacer...

 

Y yo me canso de decir que eso no es verdad, que los sanitarios (médicos, enfermeros, técnicos, auxiliares, socorristas, etc etc) perdemos los nervios, los conocimientos,  los papeles y el sentido común cuando se trata de nuestros propios hijos…

Que no es lo mismo dar el consejo “para el hijo de otro” que recibirlo cuando es “el tuyo” el que estaba hace 5 minutos inconsciente, convulsionando, sangrando…

Que en ocasiones ser sanitario es incluso peor, porque no solo ves “lo que hay”, sino que ves “el más allá”…Repasas el compendio de Medicina y recuerdas cada mínimo detalle de cada enfermedad que tiene UN síntoma lejanamente parecido a ese que tú ves… tienes en mente cada una de las mil complicaciones que pueden surgir…

Que, para poner un ejemplo, un día fui a casa de un médico ¡intensivista! que pidió la UVI alarmadísimo porque confundió una simple gastroenteritis de su hijo de 7 años con una meningitis bacteriana…

 

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Hace unos días tuve que trasladar a una chica embarazada. Y me dijo:

-Llevo todo el embarazo preocupada por mi bebé. Cómo me gustaría saber tanto como tú para haberlo podido vivir de manera más tranquila.

 

No tuve tiempo entonces, pero le prometí que un día le escribiría para contarle mi experiencia. Así que esto va por ti, Elena.

 

DESPUÉS DE TENER HIJOS YA NADA SERÁ IGUAL…

NI SIQUIERA LA MEDICINA.

Yo era una cría de 17 años que quería estudiar Veterinaria y terminó estudiando…bueno, algo bastante parecido.

Estudié Medicina, y empecé a darme cuenta de  ¡la de cosas que le pueden pasar a uno!

Terminé la carrera, hice la “residencia”, y aprendí algo de esto de curar. Descubrí que me atraía la emergencia, y así llegué al Servicio de Atención Médica Urgente (y me di cuenta de tooooodo lo que me faltaba por aprender).

a5xp8sSabía diagnosticar unas cuantas enfermedades, conocía los tratamientos y el modo indiscutible de aplicarlos. Tenía claro qué es un médico y cómo debe comportarse: con objetividad, imparcialidad, seguridad y tranquilidad. 

 

Así eran las cosas en mi época ADN :   Antes De Niños.

Pero la vida va pasando, las etapas se suceden…una va y se enamora, se casa, total-algún-día-tendrán-que-venir, una cosa lleva a la otra…y un buen día una se encuentra en la etapa 

DNI :   Después de Niños, ¡ Ilusa !

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Y es que la etapa DNI que una soñaba en la época ADN no tiene nada, pero nada que ver con la etapa DNI real. Y después de 3 niños, ni te cuento. Y en llegados a ese punto, he dejado de ser médico para convertirme en mádrico.

Porque se puede ser médico antes de ser padre; pero una vez que se es padre nada permanece, todo se transforma…nuestra relación de pareja, nuestros hobbies,  nuestro tiempo libre, nuestras amistades, nuestros principios e ideas inamovibles…y, desde luego, nuestro trabajo.

Es inevitable: a partir del DNI siempre veremos la vida (y el trabajo) con los ojos de la paternidad. Y nos convertimos en pádricos, padrenfermeros, padrarmacéuticos, padrarquitectos, padrabogados, padruncionarios, padreluqueros, padrependientes, o padramos de casa.

Y como yo soy mujer, pues voy a contar mi experiencia desde el punto de vista de una mádrico.

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 LA TRANSFORMACIÓN COMIENZA EN EL EMBARAZO

O antes, si me apuran. Porque una buena mádrico que se precie ya comienza desde que está intentando quedarse embarazada a repasar la lista de causas de por qué este mes tampoco. Lo más socorrido: los espermatozoides vagos (que claro, decimos todas, de tal dueño…); pero también pasan por nuestra mente el síndrome antifosfolipídico, la depleción folicular precoz, el prolactinoma subclínico o si nos habremos pasado esnifando gasolina cada vez que repostamos. Y esto desde la segunda regla tras dejar los anticonceptivos.

A veces hasta nos lo hacemos mirar al tercer mes, con lo que ello conlleva de sufrimiento personal y marital, de gasto innecesario y de hartazgo de los compañeros.

(¡Ay, los compañeros! ¡Ese maravilloso regalo que nos da la Sanidad! Porque los sanitarios en el pecado llevamos la penitencia. Y, si bien es cierto que tenemos mayor facilidad para contactar con el “especialista” a la primera de cambio, no lo es menos que tenemos que “aguantarnos” frecuentemente unos a otros. ¡Y algunas veces los sanitarios somos especialitos, dificilitos y pesaditos!)

 

Una vez que la bHCG se eleva (en cristiano: que el test de embarazo da positivo) aparece un imagenes-de-embarazoextraño efecto secundario: la hipermnesia o memoria de elefante. La futura mádrico comienza a acordarse de enfermedades cuyo nombre no fue capaz jamás de escribir correctamente durante la carrera, ni de recordar durante el examen MIR (perdiendo unas decimillas valiosísimas para su expediente).

Asimismo es consciente de todas y cada una de las cien mil enfermedades gravísimas que podrían cursar con náuseas, vómitos, cefalea, mareo, hormigueos, alteraciones del estado emocional, del hábito intestinal, del hábito de sueño, del hábito sin habitar en mí. ¡Nunca supimos tanta medicina, ni la sabremos en la vida!

(Efecto secundario este que revierte, y a veces hasta se invierte, después del parto: la memoria y la objetividad escapan por el canal del parto pegadas a la placenta, y olvidamos absolutamente todo sobre cómo cuidar un bebé).

 
Una ventaja que tiene esto de ser sanitario es que podemos practicar la “medicina de pasillo”: en vez de esperar la cita correspondiente, asaltamos al sufrido compañero (en este trance le toca al ginecólogo) por los pasillos del hospital, le contamos nuestro caso y le pedimos diagnóstico, exploración, sexo del bebé y fecha prevista de parto en el descansillo de la segunda planta.

gifs-animados-embarazada-787721El inconveniente es que de este modo hay pruebas que se piden antes de lo que toca, o después, o dos veces, o no se piden nunca; los resultados se pierden o se traspapelan; incluso puede ser harto difícil coincidir de nuevo con “tu” ginecólogo, a no ser que le llames a su casa para ver qué días tiene “hueco de pasillo”. Por no hablar del “pasa, que te miro ahora”, que te pilla sin preparar, sin depilar y sin . Conclusión: un desastre.

 

A la que suscribe le hicieron la primera ecografía antes siquiera de que apareciese el huevo (que si no llega a manifestarse en la ECO previa al legrado se va por el desagüe), se le fue de picos pardos la analítica de la toxoplasmosis (y la enfermera me llamó en pleno viaje de vacaciones nerviosísima para que tomara mis precauciones), le hicieron solamente “algún” análisis de orina en tres embarazos (porque así por los rellanos como que no encontraba el momento) y le hicieron la prueba de la glucosa con dos semanas de retraso (porque yo ya ni sabía por qué semana andaba). No conozco a la matrona de mi centro de salud. Ah, un día de estos tengo que ir a ver si soy portadora del estafilococo vaginil. Y de paso, a ver si aún estoy a tiempo de que me hagan las revisiones post-parto.

(¿Pensábais que el embarazo de las sanitarias era más seguro, más controlado, más rutinario, más reposado? ¡JA JA JA JUA JUA JUAAAA!)

En el transcurso de tan apasionante viaje, cuando las madres no sanitarias acuden al médico ante los síntomas de alarma, las sanitarias acudimos ante los pensamientos de alarma. Por ejemplo: que una pequeña subida de tensión sea el aviso de una grave preeclampsia (mi marido me llevó a urgencias por ese motivo, y el diagnóstico resultó ser que el manguito de tomar la tensión que teníamos en casa, y que no habíamos usado en los últimos 20 años, estaba estropeado). O que ese dolor pélvico sea un aviso de infección de orina que se pudiera terminar complicando con un desprendimiento prematuro de placenta (que fue lo que le pasó a la hija de la hermana de la prima de la cuñada de una señora que atendí un día en urgencias por una fuerte otitis, y a saber cómo derivó la conversación por estos derroteros).

 

Y para qué hablar de las semanas peri-parto, que solo te falta ir al hospital y pedir el calendario de guardias de los ginecólogos, anestesistas, pediatras, matrones, enfermeros, auxiliares y celadores varios…Y si tienes la mala suerte de conocerlo, te las pasarás diciendo: “Uf, puedo ponerme de parto el lunes por la mañana, el miércoles por la noche y el jueves a partir de las 3. ¿Y el viernes quién está de guardia? ¡AY, NOOOOOOOO, por Dios, que no me ponga de parto el viernes! ¡Que ese gine tiene las manos muuuuuy grandes, y esa enfermera y yo no nos entendimos en la guardia que compartimos hace 7 años! Ni la semana que viene, que mi gine está de vacaciones. Ni el fin de semana, que a lo mejor hay menos personal, ¡y yo quiero los quirófanos, la UVI, la REA, neonatos y cardiología pendientes de mi! . Ni en luna llena, que no habrá camas libres. ¡Que me lo provoquen el día 25 a las 13.47 horas exactamente!”

 

Aunque el cuento también se puede leer al revés: “Hoy sale de cuentas esta compañera “de la casa”. Cielos. Yo me cojo la baja por lumbalgia, y si para el jueves no ha parido la encadeno con otra de orquitis aguda. Y si la semana que viene sigue sin parir, me la cojo por depresión y la cito para cesárea con el Dr Sanchezperezlópez, ¡que se la tengo jurada desde aquella guardia del parto de octillizos!”. Je, je, ¡que nos conocemos todos!

¿Y durante el parto? Pues durante el parto analizas cada onda que alcanzas a ver en los monitores, cada pitido de las máquinas que tan bien conoces, cada palabra, cada mirada, cada mínimo gesto de matronas, enfermeras y ginecólogos. Recuerdas cada caso que atendiste, viste atender, te contaron que atendieron o leíste en una revista médica que atendieron una vez en Ámsterdam. Te viene a la cabeza todo lo que puede salir mal, lo que puede salir peor y lo que puede ni salir. Notas por primera vez todo eso que tanto estudiaste pero que jamás viviste. Preguntas,  preguntas y preguntas. Sobre los parámetros del feto, sobre la tensión arterial, sobre la analítica, sobre la medicación que te ponen, sobre las opciones terapéuticas. Preguntas tanto que creo que más de una “de la casa” ha sido anestesiada solo para que dejara a sus compañeros tener su parto en paz.

 

 

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¿LA COSA MEJORA DESPUÉS DEL PARTO?

Pues no. En absoluto. No solo no mejora, sino que (por aquello de la simbiosis madre-hijo) va creciendo a la par que crece el individuo causante de semejante estropicio mental.

De entrada tuve que dar biberón, cosa que no me esperaba, que no viene (que yo recuerde) en los libros de Medicina, y para la que no me había preparado ni informado en absoluto (igual si hubiera ido a conocer a la matrona de mi centro de salud…). Y el primer día en casa, esta pareja de médicos se pasó casi una hora calculando la dosis de sodio, potasio y magnesio que le correspondería tomar al niño por cada kilo de peso y miligramo de leche en polvo según la fórmula del envase. Hasta tal punto nos pusimos histéricos que el padre corrió al hospital a pedir prestados unos cuantos biberones líquidos de los que nos daban en la planta.

Menos mal que una amiga NO sanitaria me soltó un “¡tía, si millones de madres dan biberón la cosa no será tan difícil!”, llamé a otra amiga NO sanitaria que había dado biberón en su día y por fin me enteré de aquello de “un cacito raso por cada 30 mililitros de agua”.

¿Os cuento el número de veces que le quitaba el pañal a mi hijo mirando cómo iba su cordón umbilical, porque “eso” no tenía la misma pinta que el de los libros, y yo en mi vida había visto un cordón umbilical de 4 días de evolución? “Cariño, está muy rojo, está muy negro, está muy caliente, está muy frío, igual está infectado, igual no cicatriza, ¡que se le caiga ya, por Diosssss!”.

¿Os cuento las veces que me acerqué a la cuna de mis hijos pensando en 350 causas de muerte súbita? ¿Las veces que miré un granito insignificante viendo ya un principio de sepsis meningocócica severa? ¿Las veces que vi los movimientos bruscos de sus manitas (completamente normales los primeros meses de vida) y repasé los síntomas de todas las epilepsias tónicas, clónicas, tonicoclónicas y de Carabanchel?

¿Me creéis si os cuento que yo, ¡médico de UVI móvil!, me mareé la primera vez que vi a mi hijo sangrar por una caída?  ¿Y que viví el corte del dedo meñique de mi hija mediana tan histérica como si se hubiera amputado la mano entera, que hasta el celador de la entrada del hospital me llamó al orden?  ¿Y que llevé a mi hija pequeña a urgencias convencida de que tenía apendicitis, y al final resultó ser estreñimiento?

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No, Elena. Como ves, en todos los embarazos se cuecen habas; y en los de los sanitarios, a calderadas. Así que no te avergüences de llorar. No tengas reparos en reconocer que tienes miedo. No te sientas mal por no haber sido capaz de disfrutar del embarazo “como Dios manda”, porque todos los embarazos duran larguísimos meses llenos de dudas, miedos y ansiedades. 

No, madres y padres “avergonzados”. Como veis, los hijos propios se viven “de otra manera”. Puede que los sanitarios tengamos más seguridad en algunas cosas. Pero os aseguro que tenemos muchos más miedos e inseguridades en otras que a vosotros os darían hasta risa.

Jamás penséis que nosotros, los sanitarios, os vamos a juzgar o no os vamos a entender. Os entendemos mucho mejor de lo que vosotros pensáis, porque muchos de nosotros, como madres o como padres, hemos pasado exactamente por lo mismo o parecido. Aunque os parezca mentira.

Si tenéis suerte y os tocan sanitarios tan majos como nosotros (y cientos de miles por toda España)…confiad en nosotros, preguntadnos lo que sea, desahogaos y llorad si es eso lo que necesitáis.

Porque entonces nos permitiréis practicar una de las medicinas que mejores resultados consigue: la medicina “comprensiva” y “empática”.

Y porque a veces os contaremos nuestra propia experiencia; os daréis cuenta de que todos estamos en el mismo barco, y seréis capaces de reíros un poquito más de vuestros miedos. Y de los nuestros.

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2 comentarios sobre “Qué suerte tenéis los sanitarios, que sabéis lo que hay que hacer

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  1. Qué bueno! Yo tengo un familiar que trabaja en el sector de la educación, que en alguna ocasión me ha aconsejado/criticado por alguna circunstancia educacional que ha visto con mi hijo. Y yo no digo nada, solo espero que ella tendrá algún día descendencia jajajaja ( leer en tono película de terror draculiana) porque sé que una cosa es mi hijo, y otra el suyo. Y lo veré calladita y lo disfrutaré por dentro. Porque será inevitable.
    Y suele pasar y es normal. Una cosa es un niñoa y otra nuestro hijoa …
    Me ha encantado leer este artículo.
    Muchas gracias por vuestro trabajo siempre. Me gustaría no veros de cerca por lo que implica pero las veces que lo hemos hecho la experiencia ha sido siempre buena.

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