Los médicos también mueren

El martes por la mañana el 112-SAMU-Asturias se paralizó.

Una compañera moría de forma inesperada mientras dormía.

Nada se pudo hacer desde el Centro Coordinador. Sólo activar la UVI móvil y esperar noticias con el corazón encogido.

Nada pudo hacer la UVI móvil. Sólo llegar al lugar esperanzados para darse de bruces con la realidad. Sólo enfrentarse con angustia y dolor a la evidencia del monitor, a la familia, al informe clínico y al código 4 transmitido al Centro Coordinador. Sólo abrazarse unos a otros, impresionados e impotentes a ambos lados del teléfono.

La noticia circuló entre los compañeros a la velocidad de la luz. A las 10:40 horas mi UVI móvil, de camino a un aviso, recibió una llamada. Y se paró en seco entre Gijón y Oviedo. Todos atónitos, helados, horrorizados.

Nadie pudo hacer nada. Aunque fuera una compañera, y las normas del SAMU digan que los compañeros nunca mueren. Aunque fuera una médico de urgencias y emergencias, con tantísima experiencia que parecía saber cómo burlar la muerte. ¿Cómo pudo pasar esto? Ella, tan sumamente perfeccionista y rigurosa hasta la exageración, ¿cómo pudo saltarse así las reglas?

Nadie en el 112-SAMU se pregunta por qué. Nunca hay respuesta.

Trabajamos al lado de la Muerte. Actuamos mientras Ella calla, observa. Pero a quien quiere Ella se lleva. Y nadie cambiará su suerte. Podemos retrasar lo inevitable, pero Su decisión será inapelable.

Ya podemos luchar, suplicar clemencia, tratar de atrapar su alma en nuestras manos.  El último esfuerzo de la Ciencia será en vano. Las fechas de llegada y de partida ya las trae escritas el Libro de la Vida.

Y así ha sido. Y ya sólo nos queda llorar.

Con el llanto silencioso e incrédulo de un pequeño colectivo, de un grupo de compañeros, de un equipo, ante la súbita pérdida de uno de los suyos. Ante el vacío que deja en la UVI, en el Centro Coordinador, en las sesiones, en las comisiones, en los simulacros, en la calle, en el hospital.

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Se ha marchado la médico más inteligente, más brillante, del SAMU-Asturias.

Una  médico “de las de la UVI móvil de toda la vida”. Una “histórica” del SAMU. Un referente.

Se ha marchado quien fue mi tutora la primera vez que, siendo residente, me subí temblando a una UVI móvil, hace ya 15 años. Aquella que me transmitió tal pasión, tal ilusión por su trabajo, que hizo que me enamorase de él. La que me dijo: “si deseas trabajar aquí ¡fórmate y lánzate!”; y con esas palabras cambió el rumbo de mi vagar desorientado por la Medicina y marcó mi destino.

Se ha marchado alguien con un carácter fuerte que nos enseñó “a los nuevos” a sacar el nuestro cuando la situación lo precisaba, y a discutir con el demonio si fuera necesario.

Alguien que estudiaba tanto, que sabía tanto, que se exigía tanto, que sus compañeros jamás abrimos un libro para consultar una duda cuando ella estaba cerca.

Alguien a quien la vida no le dio tregua; y que sin embargo se cayó y se levantó, se cayó y se levantó, una y otra vez; con una dignidad y una tenacidad admirables. Y que, aún en sus peores momentos, demostró tener una capacidad de trabajo, una responsabilidad y un amor a la Medicina desbordantes.

Una gran médico de urgencias. Una excelente médico de UVI móvil y médico reguladora del Centro Coordinador. Una buena compañera, apreciada por todos los que LA CONOCÍAN en todos los lados de la Emergencia.

El martes a las 10:40 horas me vinieron a la cabeza unos versos que aprendí en la Facultad y que se me quedaron grabados de forma más profunda que las pruebas diagnósticas o las dosis de medicación. 

                                             “Los médicos también lloran.
                                               Los médicos también sienten.
                                               Los médicos también gritan.
                                               Los médicos también temen.

                                               Los médicos también huyen.
                                               Los médicos también pierden.
                                               Los médicos también sufren.
                                               Los médicos también mueren.”

Sí…

Pero algunos médicos han salvado incontables vidas antes de morir. Y han enseñado a generaciones de residentes a salvar vidas. Y cada vida que estos, a su vez, logren salvar, también será gracias a ellos. Eso, colega, no lo pueden decir todos.

Gracias por todo. Por todo lo que diste, lo que hiciste, lo que enseñaste. Por las charlas, por las risas, por las horas de guardia compartidas. Gracias.

Ha sido un honor, un privilegio, una tremenda suerte, haberte conocido y haber compartido contigo estos años.

Descansa en paz, Esther. Hasta siempre, compañera.

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8 comentarios sobre “Los médicos también mueren

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  1. Pensaste alguna vez, Esther
    que ciertamente
    ibas a subir al cielo
    convertida en sinuosa columna
    de humo azul
    hasta disiparte en nada ?

    Pensaste que aquí abajo
    se te iba a identificar
    con un puñado de cenizas
    dormidas en humilde barro ?

    Y qué hacemos contigo ahora ?
    Pero ,ante todo. ..
    Qué hacemos sin ti , doctora ?

    Me gusta

  2. Seguro que eras una profesional brillante, aunque había algo aún más brillante en tí, y era tu ser bondadoso y compasivo, ala vez que fuerte.
    Te recuerdo con muchísimo cariño

    Me gusta

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