¡Lo que habéis conseguido! ¡Sigue luchando, Germán!

Hoy se cumple un año de la brutal agresión de Germán, un chico pacífico y cordial que estaba disfrutando de una noche de ocio con sus amigos en Gijón.

 

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Hoy también se cumple un año del atropello de mi hijo, que corría despistado detrás de un balón y se encontró de pronto frente a un coche cuyo conductor no pudo esquivarlo.

 

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Estando con mi hijo en un hospital, y sin poder dejar de pensar en la otra madre y en el otro hijo a los que había dejado en otro hospital tan sólo unas horas antes, escribí y compartí lo que sentía en aquellos momentos.

 


(18/07/2017)

Hace 3 días atendí a un chico en coma a consecuencia de una agresión brutal. Los agresores, que ya habían estado provocando y buscando problemas, esperaron a que quedara alejado de sus amigos y se ensañaron con él, huyendo tras dejarlo inconsciente y malherido. Parece ser que ya tenían antecedentes policiales.

Trabajamos y peleamos como locos para estabilizarle. Tuve que informar a la horrorizada madre. Traté de darle ánimos, de aliviar algo su angustia, de ayudarla en lo poco que pude. Todo el equipo sanitario quedó impactado.

Horas después mi hijo salió corriendo hacia la carretera tras un balón y fue atropellado, rompiendo la pierna. En pocos segundos llegó gente y más gente queriendo ayudarle. El conductor, que no pudo evitar el atropello, se bajó inmediatamente, llamó al 112, estuvo a su lado en todo momento, nos acompañó al hospital, estuvo allí hasta las tantas de la mañana. Lloró, pidió entrar a verle, le abrazó y le pidió perdón, me pidió que le informara en todo momento de lo que ocurría.

A la misma hora a la que yo estaba en un hospital dando gracias porque a mi hijo no le había ocurrido algo irremediable, aquella madre velaba en otro hospital a su hijo que se debatía entre la vida y la muerte. 

Al poco de saber que la lesión de mi hijo tendría una solución más sencilla de lo que se había temido en un inicio, supe que las lesiones de su hijo en coma eran peores de lo que parecían. 

A la vez que lloré aliviada por mi hijo, lloré angustiada por el suyo. 

Un hombre bueno e inocente ha estado sufriendo por haber hecho daño sin querer a un niño imprudente. Unos chicos han arruinado la vida de un chaval y de una familia estupenda sin sentido, sin piedad ni remordimientos. 

Yo he sido agraciada con la cara de la moneda del destino, y he sido testigo de la parte más humana de gente desconocida. Al mismo tiempo otra madre está viviendo la cruz. Y no por un accidente o enfermedad inevitables, sino por culpa de los impulsos más bajos, violentos y miserables de otros desconocidos. 

Qué incierta y frágil es la vida. Y qué terrible especie es la humana, capaz de lo mejor y de lo peor. 

Y ninguno somos inocentes del todo. Son muchos los problemas, muchas las circunstancias y muchos los culpables, por acción u omisión, de que algunas personas puedan llegar a ser y a hacer algo así. 

Mucha fuerza, chaval. No dejes de pelear. Un fuerte abrazo de una madre que no puede dejar de pensar en ti y en la tuya. Venga, tío.


 

 

Del accidente de mi hijo, afortunadamente, solo nos queda el recuerdo y la escayola decorada como trofeo.

 

 

 

Germán sigue luchando por su recuperación. Su madre, su familia y sus amigos siguen sacando fuerzas y recursos de donde no los hay para poder seguir adelante. Y no pierden la sonrisa ni el ánimo.

 

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En una entrevista me preguntaron si había vuelto a ver a Germán.

No; no lo he vuelto a ver desde que salió del hospital. Pero sigo su lucha por recuperarse y sus progresos en la prensa y las redes.

 

Me preguntaron si tenía ganas de verle. 

Y en aquel momento no supe qué contestar.

 

Yo lo que quiero es verle bien. Lo mejor posible. Fuerte, activo, capaz. Y sobre todo feliz.

Quiero presentarme y decirle: “Tú no me conoces, pero yo a ti sí; y no tienes ni idea de lo que supone para mí el verte tan bien…” 

Quiero presentarle a mi hijo y decirle: “¡Vaya pareja que hacéis! ¡Espero que cuando mi hijo este en edad de tomar sidras le enseñes a escanciar!”. Quiero verles caminar a los dos juntos, contándose sus cosas, riendo, unidos por un aniversario muy especial.

 

Quiero abrazar a su madre y decirle: “Lo que habéis conseguido. Sois la leche, ¡lo que habéis conseguido!”. Quiero ver felicidad en sus ojos, y borrar de mi memoria su mirada llena de horror en aquella noche fatídica. Quiero hablar con ella de esperanza y de futuro, y olvidar para siempre las palabras que tuve que decirle hoy hace un año.

 

Todavía les queda mucho camino por recorrer. Pero viendo lo que han avanzado, viendo  que han logrado lo que poca gente pensaba que lograrían, que han llegado a donde yo jamás creí que llegarían, de este tío ya me espero cualquier cosa.

Así que sí. Tengo muchas ganas de verle. A él y a su madre coraje. Sobre todo de verles sonreír. 

 

Un fuerte abrazo en este día tan especial, familia de superhéroes. Y otro abrazo especial para ti de parte de mi hijo. Sigue luchando, ¿eh, guaje?

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