“Mama” se parece a “mamá”. Y el cáncer rosa también es negro.

Día 19 de Octubre. El día internacional del cáncer de mama.
Charlas, carreras solidarias, desfiles, conciertos. Todo parece poco para rendir homenaje a tantas mujeres que han luchado y están luchando contra esta lacra; y para concienciar a la población sobre esta enfermedad y la necesidad de investigar para su curación.

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¿Y por qué el “día de la mama”? ¿Por qué es “más importante” el cáncer de mama que otros cánceres? – comentó un amigo.
Porque “mama” se parece a “mamá”. Y el cáncer de mama les pasa a las mamás – contestó mi hija, sin dudarlo.
Porque ella misma lo dedujo. Porque el cáncer de mama le tocó a Asun, una de mis mejores amigas. Una de las mamás de “la manada guajes”, como nos llamamos entre nosotros cariñosamente (desde mucho antes de que la palabra “manada” adquiriera tintes negativos por culpa de unos…) este pequeño grupo de padres e hijos de un rinconcito de por aquí arriba al norte. La mamá de su amiga de 10 años.
Porque mi hija comprendió que las mamás también se mueren. Y no solo las mamás de “los demás”. También se mueren las mamás de su manada. También podría morirse su mamá.
El maldito cáncer de mama ha hecho que esa realidad, que con tanto ahínco tratamos de esconder a los niños, le haya sacudido el corazón del modo más brutal que existe.

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Mi hija tiene mucha razón. “Mama” va ligado a mujer. “Mama” se parece a “mamá”.
Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, piensa: “¿Y ahora qué va a ser de mi vida?”. Pero cuando una madre recibe el diagnóstico de cáncer, su pensamiento más fuerte es: “¡Mis hijos!”.
Por eso, aunque todos los cánceres son igualmente importantes, el cáncer de mama tiene un nombre que parece que nos “toca” un poquito más; a las mujeres y a las mamás.

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El día internacional de cualquier cáncer sirve para recordar a la población que se necesita más investigación, más fondos, más recursos. Porque tienen que aparecer nuevas terapias para curar a los pacientes que pueden ser curados; y para cronificar por muchos años y con buena calidad de vida a los pacientes que no tienen esa posibilidad.
Y si el abanderado más “mediático” de esta causa es un cáncer cuyo nombre se parece a “mamá”, y que atrae a muchas caras famosas a su causa, y que la sociedad ha querido “pintar de rosa”, porque así parece que despierta más indignación, más coraje, más ternura y menos miedo, pues utilicémoslo. Utilicémoslo para aprender, para compartir, para ayudar, para desterrar miedos, para romper barreras, para destrozar mitos y falsas verdades.
Que los logros de la lucha contra el cáncer de mama, económicos, sanitarios, emocionales, se extiendan a todos los demás; qué importa que tengan “un “color” y una campaña intensa detrás o no.

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* * *

Los niños de nuestra manada aprendieron muchas cosas de este cáncer rosa que no es rosa, de este cáncer de mama de una de sus mamás.
Aprendieron sobre el cáncer, sobre cirugía, radioterapia y quimioterapia. Aprendieron sobre bultos, heridas, quemaduras, cicatrices y dolores. Sobre cabezas calvas y cejas que desaparecen; sobre pelucas, pañuelos y sombreros. Sobre tristeza, miedo, lucha y esperanza. Sobre triunfos y celebraciones.

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Sobre el fracaso, la angustia, la aceptación, la muerte, el duelo. Sobre hospitales, funerales, coronas de flores, tanatorios y cementerios. Sobre impotencia, rabia, pena, amistad, amor, lágrimas, abrazos, soledad.
Mierda para el cáncer que se lo enseñó. Mierda para el cáncer que nos quitó una madre, una esposa, una hija, una hermana, una tía, una amiga. Mierda para un cáncer que no tiene nada de rosa, ni de romántico, ni de fácil.

LAGRIMA

Porque pintar “tan de rosa” el cáncer de mama tiene un riesgo: que la parte de la población que, afortunadamente, no ha sido golpeada por él, lo acabe asociando a una enfermedad “curable si la mujer lucha con fuerza”, “sencilla porque al fin y al cabo solo se trata de un pecho”, “que enseña mucho sobre darle al físico su justa importancia y potenciar el lado espiritual”, que “transforma a las mujeres en heroínas que gracias a su valiente lucha saldrán victoriosas”…

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Afortunadamente muchas veces es así. Pero no es “solo” así.
Nuestros niños aprendieron muchas cosas. Algunas fueron “rosas”, pero muchas fueron grises y negras. Y me gustaría que, con el tiempo, comprendiesen algunas cosas más. Cosas que no se suelen contar cuando el paciente gana la batalla al cáncer. Pero que son de gran importancia cuando la pierde.

* * *

Me gustaría que comprendiesen que NINGUNA PERSONA ES CULPABLE DE PADECER UN CÁNCER. Ni por lo que hizo o no hizo, ni por lo que comió o no comió, ni por lo que se cuidó o no se cuidó. Nunca. Jamás.
(Excepto si alguna persona dedicó su vida a tratar de desarrollar un cáncer con plena intención y finalmente lo desarrolló)
Es verdad que hay factores que “facilitan” que pueda aparecer un cáncer en nuestro cuerpo. El tabaco, el alcohol, ciertas costumbres… Hay que tratar de desterrarlos. Para que nuestro cuerpo esté más sano y fuerte y se estropee lo menos posible; y para que si desarrolla un cáncer (o cualquier otra enfermedad), parta de las mejores condiciones de salud posibles para intentar curarse.
Pero el cáncer aparece cuando los sistemas de “reparación” de nuestro cuerpo fallan. Y esto ocurre cuando hay una alteración, una mutación, en nuestros genes. Y eso no es culpa de nadie.

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Hay personas que fuman, beben, no hacen deporte, consumen comidas procesadas y picantes, respiran continuamente el humo de combustiones varias. Y no desarrollan un cáncer.
Hay personas que viven una vida tan saludable y libre de tóxicos o agentes cancerígenos como es posible. Y terminan desarrollando un cáncer.
Asun, de todos los adultos del grupo, era la que más se cuidaba. Nunca fumaba, no tomaba alcohol, caminaba todo lo que podía, siempre hacía comida casera. Pero sus “sistemas de reparación” fallaron. Le tocó a ella. Cuestión de mala suerte, o de lotería negativa. Nada más.

*
No se trata de dejar de recomendar hábitos de vida saludables. Se trata de no culpabilizar a las personas que han desarrollado un cáncer; de dejar de señalarlas con el dedo como diciendo “algo habrás hecho mal, algo podías haber hecho mejor, no te has cuidado lo suficiente…”

* * *

Me gustaría que entendiesen que UNA PERSONA SE CONVIERTE EN GUERRERA, LUCHADORA, VALIENTE, ADMIRABLE, EN EL MISMO MOMENTO EN EL QUE RECIBE UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER y decide que no va a saltar por una ventana ni se va a tirar al tren ni va a tomar pastillas con intención de dormir para siempre. SOLO POR DECIDIR SEGUIR VIVIENDO hacia delante ya deberían recibir, adjunta al informe médico, la medalla AL VALOR.
La forma de enfrentarse al cáncer (o a cualquier enfermedad) dependerá mucho de la manera de ser del paciente.
Unas personas serán más proactivas: saldrán a la calle con ropa de batalla, saldrán del hospital para entrar en el gimnasio, gritarán al mundo que ellas no se van a rendir.

Otras serán más pasivas: se dejarán llevar por la corriente de pruebas y tratamientos que los médicos les ofrecen, pasarán la mayor parte del tiempo en su casa tratando de subir la cuesta arriba en la que su vida se ha convertido, cambiarán su carácter, dejarán de lado sus antiguas costumbres y hobbies.
Unas personas verán bondad en todos los que les rodean; y oportunidad y aprendizaje en toda experiencia positiva o negativa que les toque vivir.

Otras personas sentirán lástima de ellas mismas, odiarán al mundo y al destino.
Unas personas darán a conocer su situación sin temores ni complejos; otras tratarán de evitar que nadie se entere.
Unas personas se sentirán serenas, valientes y llenas de coraje; otras se sentirán acobardadas, desesperadas, atemorizadas, sin fuerzas, sin valor ninguno.

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Pero todas ellas son guerreras. Todas ellas son valientes. Todas ellas son dignas de admiración. Lo sientan ellas así o no; lo sepan las personas de su entorno o no. Hay que quitarse el sombrero ante todas y cada una de ellas. No solo ante las luchadoras visibles; también, y tal vez más, ante las luchadoras invisibles.

*
NO ES OBLIGATORIO ENFRENTARSE AL CÁNCER CON OPTIMISMO, ALEGRÍA O ENERGÍA.

El paciente y su familia pueden enfrentarse al cáncer maldiciendo todo lo que existe y pasándose los meses sin salir de casa, si es eso lo único que su cuerpo les pide. Y olé por ellos.

* * *

Me gustaría que aprendiesen que no sobreviven las personas que “más luchan”. Y no mueren las personas que “abandonan”, o que “se rinden”, o que “dejan de luchar”.
LA FORMA DE ENFRENTARSE A UN CÁNCER NO EQUIVALE A CURACIÓN. Y TAMPOCO A DERROTA.

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Todos los pacientes con cáncer luchan. SI PIERDEN LA BATALLA NO ES POR CULPA DE “NO HABER LUCHADO LO SUFICIENTE”.
El cáncer no funciona así.

Los cuerpos ganan o pierden la batalla dependiendo del tipo de cáncer, de la respuesta de cada cuerpo a los tratamientos, de la posibilidad de reparación del cuerpo de los sistemas que se estropean. Pero jamás, jamás, de las ganas o de la voluntad o de los ánimos o de las fuerzas de la persona.

*
¿Que la entereza, el coraje, las ganas de vivir, la energía positiva, ayudan muchísimo a sobrellevar mejor la enfermedad? Sí. ¿Que así es más “fácil” pelear contra los efectos secundarios de los tratamientos? Sí. ¿Que ayudan infinitamente más a los familiares al ver que el paciente se enfrenta a su enfermedad con ánimo y coraje? Sí. ¿Que merece la pena “buscar el lado positivo de la adversidad”, por uno mismo y por todos los seres queridos? Sí. ¿Que debemos ayudar a los pacientes a encontrar su fuerza interior y su energía, y a no “rendirse”, a no “dejarse”, a no perder la esperanza ni el ánimo de lucha? Sí. ¿Que las personas positivas merecen infinitos aplausos de admiración y respeto? Sí.

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Pero los pacientes no se curan solamente por eso.
Hay luchadores activos y enérgicos que mueren. Hay luchadores pasivos que sobreviven.
Que haya quien opine de quienes han desarrollado metástasis, o de quienes han fallecido, que de alguna manera fueron “culpables por no haber peleado con la suficiente energía, por haberse rendido, por haber abandonado la lucha”, es el colmo de la ignorancia.
Es un gran error identificar “superviviente” con “luchador”. Es tremendamente injusto para los pacientes con cánceres incurables. Es tremendamente equívoco y doloroso para los familiares que quedan atrás.

* * *

Me gustaría que supiesen que se equivocan quienes ligan el concepto de “valor” al concepto de “éxito” o de “curación”.
Se necesita bastante valor para afrontar ciertos retos que la vida nos pone delante. Entre ellos, para afrontar el diagnóstico de cualquier enfermedad y pelear por la curación. Y tanto que sí.
Pero SE NECESITA MUCHÍSIMO VALOR PARA SABER QUE TE ESTÁS MURIENDO Y SEGUIR VIVIENDO EL DÍA A DÍA. Pero que muchísimo valor.
Quiero que sepan que LOS PACIENTES CON CÁNCER METASTÁSICO SON LAS PERSONAS MÁS VALIENTES QUE JAMÁS CONOCERÁN EN SU VIDA. Que cada palabra suya debería escribirse en el libro de “Lo que de verdad importa en la vida” y estudiarse en colegios, institutos y universidades; porque son palabras tan llenas de sabiduría y de realidad que jamás filósofo o sabio alguno podrá escribir con mayor verdad. Que ante ellas hay que inclinarse, hacerles reverencias, besar por donde pisan, darles tratamiento de “excelencia”.

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Cuando mi amiga conoció la realidad de su diagnóstico, me dijo:
No me quedan 10 años, ¿verdad?
-No.
-Ni tampoco 5 años, ¿verdad?
-No.
-¿Sabes una cosa? Cuando sabes que te vas a morir, de repente le pierdes el miedo a la muerte. Solo lo siento por mi hija y por mi marido. Por lo solos que les dejo, por el dolor que les voy a causar, por las experiencias todos juntos que nos vamos a perder. Porque mi hija no me va a ver a su lado según vaya creciendo. Tengo mucha pena. Pero no tengo miedo.
La madre que la parió. Valiente, guerrera, animosa, luchadora, admirable hasta el final.

* * *

Me gustaría que a su hija no le quedara la más mínima duda de que SE HIZO por su madre TODO LO QUE SU CUERPO Y SU CÁNCER PERMITIERON QUE SE PUDIERA HACER.
Aunque su familia hubiera sido millonaria, aunque hubiesen podido permitirse viajar a cualquier clínica del mundo, el resultado final habría sido seguramente el mismo.

*

Tenemos la inmensa suerte de tener una sanidad en España que, al menos en lo que al cáncer se refiere, aplica a todos los pacientes todos los tratamientos indicados en los protocolos y aceptados por las comisiones de Farmacia por haberse demostrado eficaces y seguros en un número elevado de casos.
Estos tratamientos no se aplican según el poder adquisitivo del paciente, ni porque tenga enchufes o contactos, ni porque su situación personal sea más o menos dura. Se aplican dependiendo, una vez más, de las características de ese cáncer en concreto y de ese paciente en concreto.
Y no se pueden comparar pacientes. Y no se pueden comparar cánceres, aunque aparentemente sean “de lo mismo”. Ni los tumores son los mismos, ni los cuerpos se comportan igual. Un paciente no muere simplemente porque “no le pusieron tarantantrán como al padre de fulano, y si se lo hubieran puesto hoy seguiría vivo”.

*
El dinero posibilita mayor confort en los ingresos y mayor calidad de vida. Qué duda cabe.
Pero el dinero no es sinónimo de curación. Que se lo digan a tantas personas famosas cuyos medios y contactos, por desgracia, no les sirvieron para ganar la batalla final.

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En el momento de recibir la noticia fatal, el marido de mi amiga preguntó:
-Pero ¿de verdad no hay nada que se pueda hacer? ¿Ningún sitio a donde ir? ¿Houston, donde sea?
Y el oncólogo, un padre de la manada, amigo íntimo del marido, que quiere a su hija con toda el alma, le miró a los ojos y le contestó:
-No. Sabes que haría cualquier cosa que estuviera en mi mano. Sabes que yo en persona la llevaría al fin del mundo. Pero no hay nada que te pueda dar garantías, ni aquí ni en ningún otro sitio. Se intentó todo lo posible; pero ya no hay nada más que se pueda intentar. Solo lograr que no sufra y que esté acompañada y cuidada hasta el final. Y no va a sufrir. Eso sí te lo puedo prometer.

*
Mi nena, si cuando seas mayor entras a buscar respuestas en Internet a tus preguntas, no dudes jamás que a tu madre le dieron todos los tratamientos aprobados que se suponían adecuados para su cáncer y que su cuerpo fue capaz de aguantar. Ni uno menos.
Apaga Internet y deja de leer opiniones o comentarios de nadie que no tuviera delante el diagnóstico exacto del cáncer de tu madre (3 folios detallados al milímetro) y la historia médica completa de sus 47 años de vida.

* * *

Me gustaría decirle a su hija que NO TIENE POR QUÉ ENCONTRAR UN SENTIDO a la enfermedad que le arrebató a su madre. NO TIENE POR QUÉ ENCONTRAR UN LADO BUENO en lo que vivió o en lo que aprendió. NO TIENE QUE AGRADECER A LA VIDA el haber tenido que pasar por esta pérdida porque “gracias a ella” se convirtió, o se convertirá, en una mujer más valiente, o más fuerte, o más consciente.
Parece que en estos tiempos política y emocionalmente correctos es obligatorio ser positivos, agradecidos y optimistas en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, aunque la muerte nos separe. Parece que eso nos engrandece como personas y nos asegura que encontraremos la felicidad y el sentido a nuestra existencia.
Pues a lo mejor es verdad… pero en su momento.
Y hasta que llegue su momento tiene derecho a ser sincera consigo misma.
Si no siente nada positivo en relación al cáncer, no tiene por qué aparentarlo. No será más cobarde ni menos grande ni peor persona por ello.

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Tiene derecho a maldecir a la vida, al destino, al cáncer, a los genes, a la medicina o al médico incapaces de curar a su madre, a su suerte, a su soledad. Puede sentirse desgraciada, impotente, llena de rabia y de miedo. Puede decidir apartarse de unos amigos que tienen madre, de una sociedad que solo muestra la cara alegre y victoriosa de quienes sobrevivieron al cáncer, de un mundo terriblemente injusto. Puede incluso odiar a su madre por haberse ido. Aún sabiendo que la quería más que a nadie en el mundo. Aún sabiendo que su madre no tuvo la culpa, y que habría hecho cualquier cosa por haber podido cambiar su destino.
Puede hacerlo ahora, o en la adolescencia, o en la juventud, o en la madurez, o cuando le dé la gana, durante todo el tiempo que crea necesario.
La única manera de atravesar la tormenta del duelo de forma plena es permitirse sentir con toda intensidad, con toda sinceridad, sin restricciones ni juicios. Ese el el verdadero significado de “afrontar la pérdida con valor”.
Solo así cuando llegue la calma llegará de verdad la aceptación.

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Sienta lo que sienta, exprese lo que exprese, decida vivir como decida, su manada estaremos a su lado apoyándola, queriéndola mucho y ayudándola a sentir a su madre cerca, si ella nos lo permite.

* * *

Y a ti, mi amiga, mi maestra de vida y muerte, ya te dije todo lo que quería decirte. Porque tuve el honor de estar a tu lado hasta que te dormiste. Sabes que te admiraba más de lo que nunca fui capaz de expresarte con palabras, y que te admiraré por siempre. Y sabes que intentaré cumplir todos tus deseos. Ya te encargarás tú de darme un “codazo” cada vez que me olvide. Porque ya me avisaste: “Que vosotros no podáis verme no significa que yo no esté por aquí todo el rato vigilándoos y cuidándoos como siempre…”
Te quiero.
Te queremos.
Tu manada.

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