Emergencia sanitaria: con tus manos puedes salvar vidas

Angina. Infarto. Arritmia maligna. Muerte súbita (1).

Son conceptos que muchas personas confunden. Por eso voy a tratar de explicarlos en esta entrada; antes de centrarme, en una entrada próxima, en la muerte súbita de la gente joven y en la necesidad de multiplicar la presencia de los desfibriladores en los lugares públicos.

(Este blog está dirigido a personas no sanitarias. Ni los términos ni las explicaciones serán siempre “sanitariamente correctas”, pero espero que sean más comprensibles para ellos)

(Las fotografías que apoyan el texto están tomadas de Internet)

 

¿CUÁL ES LA FUNCIÓN DEL CORAZÓN?

Imaginad una bomba de agua eléctrica. La corriente hace funcionar el motor. Este motor aspira el agua por un tubo de entrada, y la impulsa con fuerza por otro tubo de salida, enviándola a donde ese agua se necesite.

Nuestro corazón funciona de forma parecida a una bomba de agua eléctrica. Solo que, en vez de bombear agua, nuestro corazón, nuestro motor, bombea sangre.

No voy a entrar con detalle en la anatomía del aparato cardiovascular. Simplemente voy a recordar, muy por encima, la función del corazón.

NUESTRO CUERPO NECESITA RIEGO SANGUÍNEO CONTINUO

El corazón debe bombear, por una parte, sangre “limpia”, llena de oxígeno, a todos los órganos, músculos, células del cuerpo.

Los órganos y músculos de nuestro cuerpo funcionan como pequeñas fábricas. Reciben la sangre y cogen el oxígeno que trae disuelta, para que sus “máquinas” puedan seguir trabajando a pleno rendimiento.

Cada “fábrica”, mientras trabaja,  genera unos productos de desecho (entre otros, el CO2, o dióxido de carbono), de los que se libra vertiéndolos a su vez en la sangre. Esta sangre “sucia” vuelve al corazón. Habrá que limpiarla y recargarla de nuevo de oxígeno. Y son los pulmones los  encargados de esta labor.

Así que, por otra parte, el corazón debe bombear esta “sangre sucia” hacia los pulmones. Con la respiración se elimina el CO2, y la sangre se “limpia”. Los pulmones atrapan el oxígeno que respiramos, y lo vierten en la sangre. Esta sangre ya “limpia” y recargada de oxígeno vuelve al corazón, que de nuevo la bombea hacia todos los órganos, músculos y células que necesitan ese oxígeno para seguir trabajando.

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Es decir: el corazón no es exactamente “una bomba”. En realidad consiste en 2 bombas independientes que funcionan a la vez.  

 

El corazón es un motor formado por un músculo “hueco por dentro” y un conjunto de cavidades, válvulas, tabiques, “cañerías” y “cables”.

El músculo cardíaco propiamente dicho, también llamado MIOCARDIO, encierra  4 espacios o cámaras cardíacas: por un lado, la aurícula y el ventrículo e39derechos; por el otro, la aurícula y el ventrículo izquierdos.

La bomba izquierda está formada por la aurícula izquierda, el ventrículo izquierdo, el músculo cardíaco que rodea a ambos y la válvula mitral que los comunica. Esta bomba izquierda  recibe “sangre limpia” desde los pulmones y la bombea al resto del cuerpo.

La bomba derecha está formada por la aurícula derecha, el ventrículo derecho, el músculo cardíaco que rodea a ambos y la válvula tricúspide que los comunica. Esta bomba derecha  recibe “sangre sucia” de vuelta de todo el cuerpo y la bombea a los pulmones para que estos la limpien.

Ambas bombas están separadas por tabiques que impiden que la sangre “limpia” y la “sucia” se mezclen.

Las aurículas y ventrículos, huecos, se llenan y se vacían de sangre gracias al músculo cardíaco (miocardio) que las rodea, que se contrae (SÍSTOLE) y se relaja (DIÁSTOLE) en cada latido cardíaco.

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¿CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA DE BOMBEO?

La sangre llega al corazón a través de unas “cañerías” llamadas venas. Y abandona el corazón a través de otras “cañerías” llamadas arterias.

Desde las venas la sangre entra a las aurículas. Para que las aurículas puedan llenarse de sangre, el músculo cardíaco que las rodea debe estar relajado (diástole de las aurículas).

A la aurícula izquierda le llegará sangre “limpia” desde los pulmones, a través de las venas pulmonares. A la aurícula derecha le llegará sangre “sucia” desde el resto del cuerpo, a través de las venas cavas.

Ahora cada aurícula debe mandar la sangre que contiene a su ventrículo correspondiente. Para ello el músculo cardíaco que rodea las aurículas se contrae  (sístole de las aurículas),latidos “exprimiéndolas” y empujando la sangre que contienen a los ventrículos. Mientras tanto, para poder ensancharse y llenarse mejor de sangre, la pared muscular de los ventrículos debe estar relajada  (diástole de los ventrículos).

Una vez que los ventrículos están completamente llenos de sangre, es su turno de “exprimirse” gracias a la contracción del músculo cardíaco que los rodea  (sístole de los ventrículos). El ventrículo izquierdo lanzará toda su sangre “limpia” al resto del cuerpo a través de la arteria aorta. El ventrículo derecho mandará su sangre “sucia” a través de la arteria pulmonar, para que los pulmones la limpien de CO2 y la recarguen de oxígeno.

 Cuando el músculo cardíaco que rodea las aurículas se relaja de nuevo, las aurículas vuelven a “aspirar” la sangre que viene de vuelta. Vuelven a llenarse de sangre. Y con la siguiente contracción de las aurículas, el ciclo vuelve a empezar.

 

¡EL CORAZÓN TAMBIÉN NECESITA RECIBIR SANGRE!        LAS ARTERIAS CORONARIAS

El corazón es un órgano más, que debe realizar su trabajo (que es, precisamente, bombear sangre). Y para ello necesita recibir continuamente sangre “limpia”, llena de oxígeno. La sangre tiene que regar todo el músculo cardíaco, llevando oxígeno a esas células cardíacas que se contraen y se relajan sin parar.

Así que el corazón, además de bombear sangre para el resto de los órganos, se la tiene que mandar también a sí mismo.

fig10_a¿Y cómo se manda oxígeno a sí mismo? A través de las arterias coronarias, que salen de la arteria aorta cargadas de sangre “limpia”.

¿Y cómo se deshace de la sangre venosa, “sucia”,  llena de productos de desecho que el músculo cardíaco produce tras su trabajo de bombeo? A través de las venas coronarias, que desembocan en la aurícula derecha (la que recoge la sangre “sucia” de todo el cuerpo).

 

ESTE BOMBEO NO SE PARA NUNCA:    EL SISTEMA ELÉCTRICO DEL CORAZÓN 

Pero ¿cómo logra el corazón estar latiendo rítmicamente, sístole-diástole, sístole-diástole, sin parar ni un solo instante, hasta que la persona muere?

El corazón, además de las “cañerías” (arterias y venas) que llevan la sangre por todo el cuerpo, y también al propio corazón, tiene un complejo sistema eléctrico encargado de “arrancar” ese bombeo cardíaco de sangre.

Este sistema eléctrico está formado por un pequeño generador llamado nodo sinusal (NS) , que está en la pared de la aurícula derecha;  y por un entramado de “cables” (el haz de Hiss y las fibras de Purkinje) que se distribuyen por todo el músculo cardíaco, y que harán llegar la corriente eléctrica a todas y cada una de las células musculares del corazón.

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Este pequeño generador, este NS, es un marcapasos automático. La fábrica genética, el ADN, le colocó una batería de larguísima duración, que se supone que debe durar entre 75 y 100 años, según la “casa comercial” (genética familiar) que la fabrique. Y lo programó para que vaya formando impulsos eléctricos automáticos sin parar, y los vaya lanzando continuamente.

Debe lanzar más o menos uno cada segundo. Entre 60 y 100 por minuto. Más rápido si el cuerpo está trabajando, corriendo o en tensión (porque necesita más sangre oxigenada, y el corazón tendrá que latir más rápidamente). Más despacio si el cuerpo está relajado, descansando o durmiendo (porque ni los órganos ni el corazón necesitan trabajar tan deprisa). 

Y deberá hacerlo desde el día que el ADN lo encendió (el día 21 de gestación del embrión) hasta el día en que la batería que lleva se le “agote” y el corazón se pare definitivamente en la muerte natural.

El NS “se enciende” y genera un impulso eléctrico. Esta electricidad se extiende por todo el sistema de cables, recorriendo todas las células cardíacas que rodean las aurículas y los ventrículos.

Cuando nosotros recibimos un “calambrazo”, nuestros músculos se contraen.

Cuando el anacircu4NS “enciende el interruptor” y genera un impulso eléctrico, lo lanza por el sistema de cables que recorren el corazón.  Cuando el impulso eléctrico va llegando a las células cardíacas, estas reciben el “calambrazo” y se contraen, “exprimiendo” primero las aurículas y más tarde los ventrículos, vaciándolos de sangre y lanzándola por las arterias (aorta, pulmonar, coronarias).  Así se origina la SÍSTOLE: la contracción del músculo cardíaco.

Cuando la corriente ya ha pasado por todo el músculo cardíaco, cuando ya se ha logrado una contracción completa que ha vaciado los huecos de sangre, el NS se “apaga”. Cesa el estímulo eléctrico. Y las células cardíacas se relajan, en el mismo orden en el que antes se contrajeron. Descansan, se estiran. Permiten que, primero las aurículas y más tarde los ventrículos, agranden sus cavidades, para que se puedan volver a llenar de la sangre que ahora vuelve por las venas (cavas, pulmonares, coronarias). Es la DIÁSTOLE: la relajación del músculo cardíaco.

El NS está programado para volver a “encenderse automáticamente” y generar otro impulso eléctrico pasados uno o dos segundos. Y vuelta a empezar.

Click-click.    Encendido-apagado.  Impulso eléctrico-cese del impulso.    Contracción del músculo cardíaco – relajación.    Sístole-diástole.    Aurículas-ventrículos.   

Más rápido o más despacio, según las necesidades del cuerpo.

La sístole de las aurículas coincide con la diástole de los ventrículos. La diástole de las aurículas coincide con la sístole de los ventrículos. Tiene que haber un orden y una coordinación estrictos en el ciclo cardíaco para lograr que la sangre “limpia” y la sangre “sucia” circulen sin cesar por todo el cuerpo.

Si algo falla, si esta coordinación se pierde, el ciclo cardíaco se alterará ,      y el bombeo del corazón será ineficaz.

 

¿QUÉ ES UNA ANGINA?

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Hemos dicho que las arterias coronarias son las encargadas de llevar sangre “limpia” al músculo cardíaco del propio corazón, para que éste pueda utilizar ese oxígeno para seguir ejerciendo su función de bombeo.

Hay 2 arterias coronarias principales: la derecha y la izquierda (una para cada “bomba” del corazón). Cada arteria coronaria se va subdividiendo en ramas menores. Cada rama de las arterias coronarias es una pequeña “manguera”, bastante blanda y flexible, que lleva sangre oxigenada a una parte diferente del músculo cardíaco.

 

A veces una de estas ramas coronarias se obstruye parcialmente, por alguna de las siguientes razones:

-Por culpa de un coágulo de sangre, que haría un efecto similar al de “una piedra que ocluyera la manguera” e impidiera el paso de la sangre.

-O por placas de colesterol, o “ateroma“, que se han ido acumulando por dentro de las paredes de las arterias coronarias tras años de comer con exceso de grasa. Son arterias con “aterosclerosis

Aún peor tienen las coronarias los pacientes que fuman o tienen la tensión alta, porque además de tener placas de ateroma pegadas, sus coronarias serán duras, rígidas, poco flexibles, con más dificultad para acomodar su diámetro al paso de la sangre. Son arterias con “arterioesclerosis“.

-O por un espasmo violento de la propia arteria (como si alguien “pisara la manguera de repente, impidiendo que fluya el agua”).

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Cuando el paciente no hace grandes esfuerzos, la sangre fluye “a ritmo normal” sin excesivos problemas, a pesar de que estas coronarias estén algo rígidas y estrechas. 

Pero cuando el paciente realiza un esfuerzo del tipo que sea, su corazón late más rápido. Y el mismo corazón necesita recibir sangre oxigenada a mayor velocidad. Pero las coronarias afectadas no lo permiten.

La parte del músculo cardíaco que depende de esa coronaria deteriorada para recibir sangre oxigenada no recibe toda la que necesita en ese momento. Sufre ISQUEMIA (falta de riego sanguíneo).

infarto2Esa parte del miocardio comienza a quejarse fuertemente: “¡Eh, que no me llega sangre, que me estoy poniendo malo!“. El paciente comienza a notar un fuerte dolor opresivo en el pecho. Este dolor puede quedarse en la zona torácica, o puede ir también al brazo izquierdo, a la espalda, a la mandíbula. Es el dolor típico de la conocida como “ANGINA DE PECHO“.

“ANGINA” significa literalmente “DOLOR de características isquémicas, debido a falta de riego sanguíneo”.

“Angina” no es sinónimo de “infarto”

(“Angina” sólo significa “dolor”. El dolor puede deberse a un infarto o simplemente a una dificultad temporal en el paso de sangre por las arterias coronarias)

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La mayoría de las veces, esa obstrucción de la arteria coronaria se arregla sola en pocos minutos, y el miocardio deja de “protestar”.

-Tal vez un pequeño coágulo haya taponado parte de la arteria, pero la fuerza de bombeo de la sangre que empuja por detrás termina por “desprenderlo” enseguida.

-Tal vez durante la taquicardia del esfuerzo una coronaria muy estrecha no haya dejado pasar toda la sangre que el miocardio acelerado necesita. Pero cuando el paciente se queda en REPOSO ABSOLUTO, el corazón frena su ritmo. Y a velocidad normal, la sangre ya no tiene problemas en pasar.

-Tal vez la arteria sufra un espasmo de corta duración, y se abra de nuevo en pocos minutos, por sí misma o ayudada por la CAFINITRINA o nitroglicerina  (una pastilla cuya misión es precisamente esa: “dilatar las arterias“, ayudar a las arterias coronarias que han sufrido un espasmo a relajarse y abrirse de nuevo).

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Sea cual sea el motivo de la ISQUEMIA (y, por tanto, de la ANGINA, o “dolor de protesta del músculo cardíaco”), si ese dolor anginoso dura menos de 10-15 minutos y cede por completo con estas medidas de reposo y 1 o 2 cafinitrinas, encontrándose el paciente “como si no hubiera pasado nada”, es poco probable que el corazón haya llegado a dañarse seriamente. 

Si la parte “dolorida” del miocardio ha vuelto a recibir sangre oxigenada en pocos minutos, el episodio se llamará  “angina leve”, “isquemia miocárdica limitada”, “aviso del corazón”. Pero NO se tratará de un infarto.

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Si es la primera vez que esto le ocurre a una persona, aunque el dolor haya cedido y ya se encuentre bien, debe consultarlo con su médico para realizar un electrocardiograma e iniciar estudios cardiológicos. Puede tratarse del primer aviso de que alguna coronaria anda mal. Y, de estar indicado, empezará a tomar tratamientos para evitar que las coronarias sigan deteriorándose.

Pero muchos pacientes “ya se conocen” estos síntomas. Han sufrido este tipo de dolores al someter a su corazón a algún esfuerzo (caminar deprisa, correr, subir escaleras, comer demasiado, levantar pesos). Tal vez un cateterismo les ha alertado de que sus arterias coronarias están bastante estropeadas, rígidas, estrechadas debido a placas de colesterol acumulado. Y seguramente ya están tomando varios medicamentos para el corazón. A algunos hasta les habrán puesto un muelle (stent) en una coronaria demasiado estrecha, para impedir que se cierre del todo.

Han recibido la orden de “quedarse en absoluto reposo” en cuanto comiencen con su dolor característico, para lograr frenar los latidos demasiado rápidos de su corazón. Y de tomar una o dos cafinitrinas, para intentar que las coronarias se relajen, se “abran” para dejar pasar mejor la sangre.

Un electrocardiograma realizado en el centro de salud más cercano puede descartar que el corazón haya sufrido daños, y ayudar a tranquilizar al paciente.

Pero muchos pacientes que ya han tenido varios episodios similares y que “conocen sus anginas”, cuando se recuperan por completo en pocos minutos ni siquiera acuden al médico. Sólo consultan cuando “algo en el dolor de siempre” ha cambiado: la localización, la duración, los síntomas…

 

¿QUÉ ES UN INFARTO?

Si una arteria coronaria, o una de sus ramas, se obstruye POR COMPLETO, y esta obstrucción dura más de 15 minutos, la parte del miocardio que se está quedando sin sangre puede quedar seriamente dañada. Puede sufrir una necrosis. Y si la obstrucción no se libera enseguida, esas células cardíacas pueden terminar muriendo.

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Si la rama coronaria obstruida es muy pequeña, la parte del miocardio que se verá afectada será mínima.  Pero cuanto mayor sea la coronaria obstruida, o más numerosas las ramas afectadas, más extensión de miocardio estará “en peligro de muerte”.

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El paciente notará el dolor torácico característico de la angina, del corazón que se está quejando por falta de oxígeno.

Pero este dolor será muy intenso, opresivo, “como si un puño le apretara fuertemente el corazón”, “como si tuviese un gran peso aplastándole el corazón”.

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Ese dolor se puede quedar en el centro del pecho, o “en la boca del estómago”; o puede irradiarse a los hombros, la mandíbula, la espalda, el brazo izquierdo o los antebrazos.

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Y no cederá con el reposo, ni con las cafinitrinas. La coronaria está completamente obstruida, cerrada, y esas medidas no son suficientes para abrirla.

El paciente se pondrá pálido, muy sudoroso, agitado, desasosegado. Tendrá náuseas o vómitos. Le costará respirar. Notará una sensación de “muerte inminente”.

Esto es lo que se suele llamar un “ataque al corazón“.

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Si en ese momento se hace un electrocardiograma, se verán alteraciones claras en comparación con un trazado normal. El músculo cardíaco no funciona bien. La parte afectada del miocardio no se está moviendo correctamente.

Si en ese momento se hace una analítica, las TROPONINAS (que son sustancias que el corazón dañado vierte en la sangre) estarán elevadas. El corazón está sufriendo un daño serio.

Esto es un INFARTO: el DAÑO SEVERO de una parte del miocardio. Este daño puede ser irreversible, ocasionando la muerte de las células cardíacas afectadas y un peor funcionamiento del músculo cardíaco.

Cuanto más tiempo permanezca la arteria coronaria obstruida, más y más células cardíacas se verán afectadas. La extensión del infarto irá creciendo poco a poco. Más tejido miocárdico se irá necrosando y muriendo por falta de riego.

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Una vez que el músculo cardíaco ha sufrido un INFARTO, las células cardíacas más afectadas por la falta de riego morirán sin remedio. Nunca podrán volver a recuperarse, a moverse y contraerse tan bien como antes. En realidad los infartos no se “curan”.

Pero SE PUEDE TRATAR DE FRENAR SU PROGRESIÓN Y DISMINUIR SUS SECUELAS.

Y SOLO TENEMOS UNAS POCAS HORAS DE MARGEN para tratar de liberar esa coronaria obstruida.

Si se consigue abrir enseguida, el miocardio afectado recibirá sangre de nuevo; y no seguirán muriendo células cardíacas. A veces, con el tiempo, el músculo cardíaco logrará recuperar gran parte de su movilidad. Las secuelas serán mínimas; incluso indetectables.

En cambio, si el paciente pasa más de 4-6 horas desde el inicio de los síntomas sin recibir ningún tipo de tratamiento, toda la parte del miocardio que debía ser irrigada por esa arteria obstruida quedará severamente dañada, necrosada; y sus células morirán sin remedio.

La parte de miocardio que se ha necrosado de modo irreversible no se moverá correctamente con los latidos cardíacos. No se contraerá en la sístole, no bombeará la sangre con la fuerza suficiente. El paciente se fatigará con los mínimos esfuerzos. La sangre no podrá ser lanzada por las arterias y se quedará estancada en las cámaras cardíacas o en las venas. El paciente sufrirá fallos cardíacos, “encharcamientos” pulmonares, anginas frecuentes. Tal vez le queden cicatrices en el miocardio, que le terminen provocando arritmias.

A MAYOR EXTENSIÓN DEL INFARTO, Y CUANTO MÁS TIEMPO SE TARDE EN RECIBIR LOS TRATAMIENTOS ADECUADOS, MAYOR SEVERIDAD DE LAS SECUELAS.

¡EN UN INFARTO,  EL TIEMPO ES CORAZÓN!

 

Así que es imprescindible saber reconocer los síntomas que tiene la persona que puede estar sufriendo un infarto: dolor intenso y opresivo en el pecho, que puede extenderse al brazo izquierdo, a los antebrazos, a la mandíbula o a la espalda; acompañado de palidez, sudoración, náuseas y dificultad respiratoria, con sensación de muerte inminente, que dura 15 minutos o más, Y QUE NO CEDE CON 2-3 CAFINITRINAS NI CON EL REPOSO ABSOLUTO.

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Por desgracia no todos los pacientes sufren estos síntomas tan claros. Los pacientes diabéticos, los ancianos, los que toman mucha medicación y las mujeres suelen tener síntomas más larvados, que se confunden con problemas gástricos o dolores musculares. Incluso existen los infartos “silentes”, que nunca ocasionaron dolor. Por suerte son los menos frecuentes.

Aún y así, cuando una persona comience con un malestar y un desasosiego intensos, como nunca antes había sufrido, hay que sospechar que algo “extraño” le pueda estar pasando. Y con más razón si esa persona fuma, es hipertensa, tiene el colesterol alto, es diabética, toma mucha medicación, es una mujer relativamente joven o toma anticonceptivos (que aumentan la tendencia a formar trombos).

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En cuanto un paciente comience a sufrir los síntomas característicos o sospechosos de un INFARTO, debe sentarse y permanecer en ABSOLUTO REPOSO (para que el corazón se someta al mínimo esfuerzo posible). Y SE DEBE AVISAR INMEDIATAMENTE AL 112. Un equipo médico y una ambulancia (si es posible, una UVI móvil) deben movilizarse y acudir junto al paciente sin demora (a no ser que no estén disponibles; en cuyo caso el Centro Coordinador pedirá a la familia que trasladen al paciente lo más rápidamente posible a un centro sanitario).

Se deben realizar cuanto antes un electrocardiograma y una analítica (en el mismo lugar, en el centro de salud o en el hospital, según la disponibilidad de los recursos sanitarios) que busquen los signos del daño del miocardio. Y si se confirma este daño, se deben iniciar de inmediato los tratamientos dirigidos a liberar la obstrucción de esa arteria coronaria.

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Los primeros tratamientos médicos se le darán al paciente en el mismo lugar (domicilio, centro de salud o lugar público) donde sea atendido. Su finalidad será disolver el coágulo de sangre que está taponando la coronaria (antiagregantes), relajar las arterias para que las paredes se dilaten y dejen pasar más sangre (vasodilatadores potentes), aumentar el oxígeno que transporta la sangre para que cada gota de sangre que el corazón dañado reciba esté cargada por completo de oxígeno (gafas o mascarilla de oxigenación), y quitar en lo posible el dolor y la sensación de angustia y de muerte inminente del paciente (analgésicos).

En muchos casos, estos tratamientos son suficientes para liberar la coronaria y terminar con la progresión del infarto.

Si el paciente lleva menos de 3 horas con síntomas de infarto, se activará el CÓDIGO CORAZÓN (el nombre varía en las diferentes comunidades): el paciente será trasladado a una sala hospitalaria de alta prioridad, donde los cardiólogos y hemodinamistas valorarán la posibilidad de realizar un CATETERISMO para desobstruir la arteria coronaria “desde dentro” (esto no siempre está indicado ni siempre es posible; pero si lo es, se hará de inmediato).

Y tal vez se deba colocar un pequeño muelle (stent) dentro de la arteria deteriorada. Este muelle mantiene abierto el canal de la arteria, impidiendo que las placas de ateroma la vuelvan a cerrar en poco tiempo.

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A pesar de las secuelas (anginas, fallos cardíacos, “encharcamientos pulmonares”, cicatrices en el miocardio…) que los infartos extensos pueden dejar al paciente, un paciente no tiene por qué morir por el infarto propiamente dicho.

Incluso con las coronarias obstruidas, con una parte importante del miocardio afectada, el sistema de conducción eléctrica sigue haciendo su trabajo. El NS sigue generando automáticamente impulsos eléctricos, que viajan por los “cables” y provocan la contracción y relajación ordenada del músculo cardíaco que no está dañado por el infarto.

Continúan los ciclos de sístole-diástole. Continúa el bombeo de sangre al resto del cuerpo y a los pulmones. El corazón está sufriendo, está haciendo un esfuerzo de bombeo a pesar de la isquemia y del dolor. Y sigue bombeando sangre, aunque una parte del miocardio no funcione bien, no se contraiga como debería.

Cuanto mayor sea el infarto, menos miocardio podrá seguir adelante con su trabajo de bombeo. A veces bombear sangre se convierte en una tarea titánica para el corazón. El miocardio está tan afectado que no tiene fuerza de bombeo. La tensión baja muchísimo: el cerebro recibe muy poca sangre, el paciente se marea; puede llegar a desmayarse. Los pulmones pierden energía: cada respiración cuesta un tremendo esfuerzo. La palidez va en aumento: no hay ni siquiera fuelle para que la sangre llegue a la piel.

Pero, salvo que el infarto sea masivo y el miocardio quede prácticamente imposibilitado, o que se rompa un tabique o el propio miocardio y la sangre “se escape” del corazón (sucesos afortunadamente poco frecuentes, pero que causarían la muerte con rapidez), el corazón hará lo posible y lo imposible para seguir latiendo, para que el cuerpo que depende de él siga con vida.

 

INFARTO Y MUERTE SÚBITA

No todos los infartos producen una muerte súbita. Ni mucho menos.  Todos conocemos personas (¡en realidad la gran mayoría!) que han sufrido un  infarto y han llegado vivos al hospital. Les han puesto los tratamientos pertinentes (medicamentos, cateterismo, “stents”) y han salido adelante sin haber llegado siquiera a perder el conocimiento en ningún momento.

Incluso hay personas que han pasado un infarto “a pelo”, sin haber ido al hospital. Algunos hasta sin haberse enterado siquiera (no tuvieron los síntomas típicos;  por lo tanto, no consultaron. Y sólo descubren que han sufrido un infarto en algún momento de sus vidas en revisiones médicas por otros motivos).

 

Entonces ¿cuándo un infarto provoca una muerte súbita?

Por una parte, si la gravedad es extrema: si el infarto es tan grande que no queda suficiente tejido cardíaco sano para poder bombear sangre al resto del cuerpo. O si una de las paredes del corazón, o uno de sus tabiques, se rompe y provoca que el corazón se “vacíe” de sangre.

Estas situaciones, por fortuna, son muy poco frecuentes. Pero si ocurre cualquiera de ellas, el miocardio queda completamente inutilizado. Y si el corazón no late, no bombea sangre, el resto del cuerpo no recibe sangre. Los músculos pierden tono; la persona se desploma. El cerebro se “apaga”; cesan los movimientos, la respiración, la mirada, los signos de vida.

El paciente sufre una muerte súbita debido a que las células cardíacas quedan inutilizadas por completo. El corazón entra en ASISTOLIA: la temida línea plana que indica la muerte, poquísimas veces reversible. Solamente en algunos casos afortunados la medicación (adrenalina) logra “recargar” el corazón de energía y “reactivar” el sistema eléctrico.

Pero esta causa de muerte súbita, por fortuna, es muy poco frecuente.

La muerte súbita que a veces sucede durante el infarto suele tener otra explicación.

 

MUERTE SÚBITA POR ARRITMIA MALIGNA.

Hemos dicho que un infarto (a no ser en los casos muy severos de rotura del músculo cardíaco o de afectación miocárdica masiva) no suele provocar por sí mismo, por la pura isquemia o falta de riego, la muerte del paciente.

Excepto en los casos en los que la zona dañada, necrosada, del miocardio, “pilla un cable eléctrico”.

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El sistema de “cableado” del corazón (el haz de Hiss y las fibras de Purkinje) discurre entre las fibras musculares del corazón. Si la parte de miocardio que se queda sin riego sanguíneo contiene uno de los “cables principales”, el sistema eléctrico sufrirá un “cortocircuito“.

Cuando los aparatos eléctricos sufren un cortocircuito, comienzan a hacer cosas extrañas. Las pantallas se quedan en blanco, o parpadean,o aparece “niebla”… En cualquier caso no funcionan correctamente.

fibrilacion-ventricularCuando el sistema eléctrico del corazón sufre un cortocircuito, deja de funcionar correctamente.  El NS deja de generar impulsos eléctricos regulares y continuos. Y tampoco es capaz de “cortar la corriente”.

Aparece un caos eléctrico que se traduce en una falta absoluta de ritmo. Todo el músculo cardíaco tiembla, incapaz de deshacerse de ese estímulo eléctrico que lo recorre sin control. Se contrae y se relaja sin orden, sin fuerza, sin sentido.

Este “caos eléctrico” se conoce como FIBRILACIÓN VENTRICULAR. Es la más frecuente de las TAQUICARDIAS MALIGNAS que puede provocar un cortocircuito del sistema eléctrico cardíaco.

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La fibrilación ventricular se reconoce en un electrocardiograma como un trazado arrítmico, irregular, de ondas y puntas que suben y bajan sin ningún orden.

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Cuando el corazón de un paciente entra de repente en fibrilación ventricular, desaparecen la sístole y la diástole. Las continuas contracciones desordenadas del músculo cardíaco no son capaces de generar un latido eficaz. El corazón no puede bombear sangre. El cuerpo entero deja de recibir sangre de repente. Todos los órganos, todos los músculos.

La persona pierde de golpe toda la fuerza muscular y se desploma en el suelo.

Y el cerebro, que es el más sensible de los órganos, cuando deja de recibir riego sanguíneo por completo se apaga. Deja de transmitir órdenes al resto del cuerpo.

Cesan los movimientos. Cesa la respiración. Cesan la mirada y el habla. Cesan los signos de vida. El paciente acaba de sufrir una MUERTE SÚBITA.

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Una fibrilación ventricular equivale para el paciente a una parada cardíaca brusca y completa, que provoca la MUERTE SÚBITA.

EL ÚNICO TRATAMIENTO EFICAZ PARA LA FIBRILACIÓN VENTRICULAR ES LA DESFIBRILACIÓN PRECOZ.

Una persona que esté sufriendo los síntomas de un posible infarto no debe quedar nunca infarto-cardiaco1sola, si es posible. Porque nunca se sabe si, justo por la zona del corazón que está sufriendo la falta de riego debido a la obstrucción de una coronaria, pasa un cable. En cualquier momento esa persona puede sufrir una muerte súbita de origen “eléctrico”.

Y entonces los testigos deberán “convertirse en el corazón de esa persona”, comenzando RCP al menos con compresiones torácicas hasta que llegue la ayuda sanitaria.

                               

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AQUÍ  (Muerte súbita (2). Fibrilación ventricular. Desfibrilación. )  explico más detalladamente qué es la muerte súbita por fibrilación ventricular. Y que no todas las muertes súbitas ocurren en personas que están sufriendo un infarto. Ni mucho menos. También pueden ocurrir en gente joven y aparentemente sana. Incluso en niños.

En una siguiente entrada explicaré qué es y cómo funciona un DESFIBRILADOR. Y por qué es tan importante disponer de un desfibrilador en pocos minutos. Y por qué es tan importante la actuación inmediata de los testigos, que deben iniciar inmediatamente RCP hasta la llegada de los servicios sanitarios.

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Estándar
Emergencia sanitaria: con tus manos puedes salvar vidas, Sin categoría

Si entendieras de verdad las consecuencias que tu imprudencia pudo tener…

Ayer, mientras entrábamos en el coche, aparcado en una céntrica avenida de cuatro carriles (dos en cada sentido), fuimos testigos de una de esas imprudencias que a veces hacemos las personas sin saber muy bien por qué. Pero que, cuando la presenciamos, nos hace llevarnos las manos a la cabeza y pensar: “está claro que hoy no la tenía ahí, porque si no…”.

Un grupo de chavales de unos 16 años caminaba por la acera. Llegaron a un punto a unos 300 metros del paso de cebra más cercano, con evidente intención de cruzar por allí. Los semáforos estaban abiertos para los coches, por lo que todos se pararon al borde de la acera.

Todos menos uno. Uno de los chicos, que iba escuchando música con unos auriculares, continuó caminando. Sin mirar ni a uno ni a otro lado de la carretera. Sin esperar (puestos a cruzar fuera de un paso de cebra) a que al menos el semáforo de arriba cerrase el paso a los vehículos. Sin variar siquiera el ritmo: ni aceleró para cruzar más deprisa, ni frenó para dejar pasar a los coches. Se limitó a seguir caminando hacia delante, con la mirada fija y moviendo la cabeza al ritmo de su música.

A su paso escuchamos una sucesión de frenazos, seguidos de pitidos de claxon y gritos e improperios a través de varias ventanillas. El chaval continuó caminando y llegó a la acera de enfrente, a nuestra altura. Se giró y saludó a sus compañeros, que aplaudieron y le jalearon desde el otro lado. Cuando los semáforos se cerraron, los amigos cruzaron a toda prisa (lejos también del paso de cebra) y le palmearon la espalda gritando: “¡Hala, tío, con un par! ¡Olé tus…!”. El chico, con una sonrisa, contestó: “Ya os dije que pararían, ¡no me iban a atropellar! ¡Se les cae el pelo, tío!”.

Ellos se alejaron y yo ya no pude oír más. Pero mi indignación era tan evidente que mis hijos (que aún son pequeños) me preguntaron:

-¿Qué pasó, mamá? ¿Por qué estás tan enfadada?

-¡Porque ese guaje acaba de cometer una imprudencia tan grande como una catedral! ¡Si lo pillo se lo explico pero bien!

-¿Ah, sí? ¿Qué le ibas a explicar, mami?

Y yo me quedé un buen rato sentada en mi asiento, sin arrancar el coche. Pensando en la pregunta. ¿Qué le explicaría yo a ese chaval si pudiese?

Si yo tuviese la oportunidad, no le explicaría nada. Le llevaría conmigo a mi trabajo.

Porque si tuviera la “suerte” (durísima, terrible, cruel “suerte”) de vivir junto a los trabajadores de emergencias algunos de los casos que atendemos, no creo que necesitara absolutamente ninguna explicación.

Si pudiera meterse en la piel del conductor que, súbitamente y sin poder evitarlo, se lo encuentra delante…Sentir el terror de la certeza de que va a atropellar a una persona…Oír el ruido del choque, que jamás abandonará su cabeza y que volverá a oír cientos de veces en sus pesadillas…Notar la angustia en la boca del estómago cuando sale del coche, pálido, tembloroso, murmurando “lo siento, lo siento, no le vi, salió de repente, no pude esquivarlo, no fue culpa mía”…La sensación de impotencia y desesperación a la vista de la sangre…La culpabilidad, acentuada por los testigos que le señalan entre el caos de gritos: “¡Qué horror, Dios mío! ¡Que alguien llame a una ambulancia! ¡No lo mováis! ¡Cielos, si es solo un niño!”…  Esa culpabilidad que le lleva a vomitar al lado de la ambulancia que trata de estabilizar al chaval; a dejarse llevar como un autómata a la comisaría, declarándose culpable sin saber muy bien si lo es; a no atreverse a mirar a los ojos de los padres o hermanos del herido; a llamar al hospital mil veces al día, suplicando al cielo que el chico esté bien, que no haya sido grave, que se recupere enseguida…Porque si no, no habrá una única familia destrozada…

Si pudiera ponerse en el lugar de sus amigos, que pasan en medio segundo de aplaudir la bravuconada a verlo volar y aterrizar en el suelo inconsciente…Ver la incredulidad en sus rostros, seguida del más absoluto terror…Oír sus voces gritando su nombre: “¡Juan, Juan, ¿estás bien? ¡Contesta, tío! ¿Estás bien? ¡No se mueve, no contesta! ¡Que alguien nos ayude! ¡Socorro!”…Presenciar el interrogatorio al que les someten la Policía y los sanitarios: “Sí, es nuestro amigo…Tiene 16 años…Cruzó sin mirar, fue una idiotez…De repente vino un coche y le vimos por el aire…cayó de cabeza…¿Cómo está? ¿Se va a poner bien? ¿Es muy grave? ¿Dónde le van a llevar? Jolín, y ahora ¿qué les decimos a sus padres?”…

Si pudiera entrar en el Centro Coordinador y escuchar las llamadas de socorro de los testigos…”112 Asturias, ¿En qué puedo ayudarle? ¿Un atropello de un chico de 16 años? Intenten mantener la calma, no se retire, le paso con sanitarios”…”Está hablando con el SAMU, ¿cómo está el chico? ¿Está consciente, responde, se queja de algo? ¿Por dónde está sangrando? ¡Le está escuchando un médico, la UVI móvil ya va de camino, no le muevan, sólo aprieten fuerte las heridas que vean sangrar, pero no le muevan el cuello!”… Si pudiera sentir la angustia de todos los trabajadores, especialmente de los que tienen hijos de esa edad, que están repasando mentalmente “mi hijo hoy no está en Gijón,  a esta hora debe de estar en la academia, o estudiando en casa, por esa calle no tenía que pasar”…Si pudiera oír el susurro que cruza por toda la sala del Centro Coordinador: “¿Sabéis datos? ¿Sabéis el nombre? No será conocido de alguno de vosotros, ¿no?”…

Si pudiera entrar en la UVI móvil y recibir el aviso: “vais a un atropello de un chaval de unos 16 años, salió disparado varios metros, está inconsciente, sangra por la cabeza y por una pierna, tiene muy mala pinta”…Y realizar los 10 o 15 minutos de trayecto junto al equipo sanitario que va repasando: “collarín, colchón de vacío, gasas, férula, 2 vías venosas nada más llegar, analgesia y sueros a chorro…Descartar trauma craneal, trauma torácico, abdominal, pélvico, fracturas abiertas…Madre mía, vaya escenario nos espera…Por favor, por favor, que no sea nadie que conozcamos…Pobre chico, pobres padres…”

Si pudiera vivir los interminables minutos de espera…Agónicos para los amigos y para el conductor causante del atropello, interminables para los testigos que llaman una y otra vez, larguísimos para los trabajadores del Centro Coordinador, que siguen recibiendo llamadas cada vez más nerviosas, “¡que vengan ya de una vez, que este chico está muy mal! ¿Qué hacen que no vienen ya?”, y ven avanzar la UVI móvil en la pantalla, impotentes para ayudar de otra forma…

Si pudiera ponerse en el lugar de los padres que, inocentes, descuelgan el teléfono para recibir una de las peores llamadas que unos padres pueden recibir…O en el lugar de los policías que deben hacer esa llamada…que buscan un carnet o un teléfono móvil, que dan vueltas a la documentación entre sus dedos, o pasan una y otra vez sobre el nombre de los contactos, o hacen más y más preguntas a los amigos y a los testigos, preparándose para realizar una llamada difícil y durísima…

Si pudiera ver la pelea, a pie de calle primero y dentro de la UVI móvil después, por inmovilizar, estabilizar, analgesiar, explorar, tratar de saber con la mayor certeza posible qué lesiones puede tener el paciente, para poner los tratamientos iniciales más correctos y decidir a qué hospital estará más indicado trasladarle…La dureza del momento de tener que informar a los amigos y familiares que van llegando si las cosas no tienen buena pinta…La carrera contrarreloj y los nervios del traslado…

Si pudiera ser testigo  de las dificultades y el dolor del ingreso, de las pruebas y tratamientos hospitalarios, de los meses de convalecencia, de las posibles secuelas que pueden quedar…De la angustia de sus padres y seres queridos, del cambio radical en las vidas de muchas personas durante todo ese tiempo…

No. Si pudiera “ver” y “sentir” todo eso, no haría falta que nadie le explicara nada.

Igual al conductor que le atropelle “se le cae el pelo” (o no, porque la ley está cambiando; y si se demuestra que la culpa es del peatón, puede tener que pagar por ello). De cien veces que se arriesgue a repetir la hazaña, noventa y nueve conductores lograrán evitar el atropello. Pero si uno no lo logra, aunque “se le caiga el pelo”, ¿le merecerán la pena las consecuencias al chico? ¿Se merecen esas consecuencias los inocentes conductores y las familias de ambos? ¿Merece la pena demostrar así que “se tiene un par”?

Cualquier persona implicada en un atropello, cualquier familiar de cualquier implicado, se lo puede contestar sin la más mínima duda.

¿Y cómo explicarles a mis hijos que estaba enfadada, precisamente, porque yo sí he visto todo eso? ¿Muchas, muchísimas, demasiadas veces? ¿Y porque sé que muchos accidentes son inevitables; pero que algunos casos similares a este sí se hubiesen podido evitar?

Imposible explicar estas cosas. Supongo que, para entender los riesgos y las consecuencias DE VERDAD, tienes que haberlas vivido o presenciado.

Por fortuna mis hijos no han tenido que pasar por ninguna de las dos situaciones. Así que mi respuesta fue, supongo, la de todos los padres:

-Pues eso, hijo, que por poco le atropellan…Que eso que acaba de hacer es peligrosísimo…¡Que no se os ocurra a vosotros jamás hacer algo así! ¿Eh?

-No, mami, claro que no…

En el fondo deseo que jamás lo lleguen a entender por completo. Pero que, al menos, cuando llegue el momento, recuerden la cantinela: “mirad bien siempre antes de cruzar, no cometáis ninguna estupidez, no seáis temerarios, mirad que las consecuencias pueden ser muy graves…”

 

 

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Estándar
Emergencia sanitaria: con tus manos puedes salvar vidas, Sin categoría

Ven con nosotros a pasar un turno en el Centro Coordinador

Antes de hablar sobre los criterios con los que el 112-SAMU moviliza sus (muy) escasos recursos sanitarios, necesito pedirte un favor.

CCU Asturias

Necesito que vengas hoy conmigo al Centro Coordinador. Que te sientes a mi lado unas horas, y nos observes trabajar.  A los teleoperadores y coordinadores del 112, a los teleoperadores del SAMU y a los médicos.

(En mi Centro Coordinador no hay enfermeros, pero en muchos otros también estarán ahí)

Si lo deseas puedes coger unos auriculares y entrar en algunas de las llamadas sanitarias que recibimos (más de mil al día). Podrás escuchar de qué forma explican los alertantes la urgencia que están presenciando. Y tal vez eso te ayude a entender un poco mejor la dificultad de nuestro trabajo.

Observarás que hay alertantes que transmiten los datos importantes con bastante precisión, y contestan a todas las preguntas lo mejor que pueden (dadas las circunstancias). Otros, en cambio, pierden los nervios nada más llamar.

Escucharás alertantes educados y maleducados. Correctos y desesperantes. Maravillosamente colaboradores o frustrantemente pasivos.  Que entienden el grado de urgencia de lo que están presenciando, o tal vez no:  pueden creer que lo que ocurre es mucho más grave de lo que es en realidad; o, por el contrario, pueden no ser conscientes de que están ante una emergencia vital.

llamada (1)Oirás a hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos. A padres, hijos, hermanos, abuelos, maridos, esposas, parejas, amigos. A ciudadanos de tu comunidad, del resto de España, extranjeros. A testigos cercanos y a testigos casuales.

A personas que ansían ayudar; a otras que se ven forzadas; a otras que se niegan a colaborar.

 

Llamadas tranquilas, llamadas nerviosas, llamadas peculiares, llamadas divertidas, llamadas equivocadas, llamadas exigentes, llamadas angustiadas…

 

Escucharás llamadas en las que sólo se pide consejo médico. En otras contarán un problema de salud y solicitarán atención médica o ambulancia. En otras, alguien más relacionado con el mundo sanitario pedirá directamente la UVI móvil o un vehículo de rescate. En algunas sólo gritarán desesperados pidiendo ayuda, cualquier tipo de ayuda, pero por favor, que llegue ya.

A veces entenderás todo lo que el alertante dice y te harás una idea bastante aproximada de su problema. Otras veces no serás capaz de saber a qué se refiere exactamente. En ocasiones incluso tendrás dudas sobre qué está ocurriendo, dónde está ocurriendo, si es leve o grave; hasta de si es una llamada real o se trata de una broma.

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Pero, sobre todo, percibirás emociones. Todo tipo de emociones.

Nervios, preocupación, indiferencia, tensión, alivio, gratitud, enfado, rabia, indignación, tristeza, odio, miedo, alegría, agobio, resignación, terror, angustia, desesperación…

Se suceden sin pausa, sin medida, sin control. No son inesperadas, pero son imprevisibles: nunca sabes qué emoción acecha al otro lado de la nueva línea telefónica que acaba de empezar a sonar.

Puedes sentirlas contenidas al otro lado del teléfono. O pueden llegar a desbordarse, cruzar a través de los auriculares y atravesarte sin piedad. Unas cuantas te sacudirán de arriba abajo y te dejarán temblando durante minutos, tal vez horas. E, inevitablemente, alguna se te clavará como un puñal en el pecho; y te dejará una herida que tardará mucho, mucho en curar. Y te quedará una cicatriz como recuerdo de tu visita.

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Y, ahora que ya sabes las dificultades que entraña cada llamada, quítate los auriculares y levántate. Te invito a que camines a través de nuestro Centro Coordinador, entre los operadores del 112 y los del SAMU. Acércate, obsérvanos. Escúchanos gestionar las llamadas. Y, si de verdad quieres comprender en profundidad nuestro trabajo, cuando sientas que una emoción descontrolada penetra en la sala, míranos a los ojos y déjate contagiar por nuestros sentimientos.

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Acompáñanos, por ejemplo, en esta llamada que acaba de entrar al 112. La que está atendiendo el operador de la derecha.

-112 Asturias, ¿En qué puedo ayudarle? ¿Un accidente de tráfico? ¿A qué altura de la autopista? ¿Cuántos coches hay implicados? ¿Ve fuego en alguno? ¿Hay personas atrapadas en el interior de algún vehículo? ¿Ve algún herido que parezca grave? ¡Por favor, manténganse en zona segura! ¡Estamos movilizando policía y bomberos, no se retire, va a hablar con los servicios sanitarios! SAMU, os pasamos un accidente, hablan de 3 coches implicados, una persona atrapada, podría estar grave.

-¡Doctor, entre en esta llamada, parece grave! Señor, está hablando con el SAMU, ¿me confirma que se trata de un accidente en el km 25 de la autopista? ¿Cuántos heridos hay? ¿Cómo está la persona atrapada? ¿Por dónde está sangrando? ¿Le parece que está respirando? ¡Le dejo al habla con el médico, que le está escuchando; yo voy movilizando la ayuda!

-¡Saca la UVI móvil y las dos ambulancias más cercanas al accidente! Señor, soy el médico del Centro Coordinador…

Las personas que intervenimos en la llamada tenemos la mirada fija en los  ordenadores. Estudiando mapas, calculando el tiempo que van a tardar los diferentes recursos en llegar, buscando teléfonos de contacto, comunicándonos con los rescatadores y sanitarios, llamando de nuevo  al alertante, recibiendo más llamadas sobre el mismo accidente.

Y, una vez activados los recursos, impotentes para ayudar de otra forma, nuestros ojos se clavan en la pantalla. No podemos ver lo que ocurre; pero, como si los auriculares pudiesen transmitir también las imágenes, la escena se proyecta ante nosotros, tan real como si estuviéramos allí. Sólo que, a diferencia de los testigos, nosotros sabemos con toda exactitud qué tipo de ayuda va a llegar y cuánto va a tardar en llegar.

Y vemos pasar los minutos, que a nosotros también nos parecen horas…

-Vuelven a llamar, la persona está peor…

-Parece que 2 de los heridos salieron de los vehículos por sus propios medios, pero quedan otros 2 dentro de los coches.

-Bomberos informan de que están a 10 minutos.

-Llama otro alertante, dice que en el coche de delante hay un niño que podría tener la pierna rota…

“¡Rápido, rápido! ¡Corred más, por favor! ¡Que llegue alguien, quien sea, para informarnos!”

-Acaban de llegar los de Tráfico, la persona está sangrando mucho, está con bajo nivel de conciencia. Preguntan cuándo van a tardar los sanitarios.

-Llamad al técnico, a ver por dónde están, ¿cuánto les falta para llegar? No podemos ver su avance en la pantalla.

“¡Vamos, por Dios!” Y nuestros ojos buscan continuamente el icono de las ambulancias, como si pudiéramos empujarlas con la mirada…

-Llama el médico de la UVI. Los demás heridos están siendo evacuados. La persona está grave, están los bomberos trabajando, van a tardar en extricar…

-¡Mierda, mierda, mierda!

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No hay tiempo para lamentaciones, porque entra otra llamada.

-Un niño parece tener una convulsión febril.

-Soy el médico del Centro Coordinador. Tranquila, te vamos a mandar un médico urgentemente. Pero mientras llega la ayuda yo puedo ayudarte a ti. Por favor, contéstame a unas preguntas.  ¿Cuántos años tiene el niño? ¿Hoy había tenido fiebre? Lo que me cuentas parece una convulsión por culpa de la fiebre. No es grave, te lo prometo. No le va a pasar nada. Por favor, hazme caso. ¿Ya ha parado la convulsión? Es normal que no se mueva, que esté  inconsciente. De verdad, confía en mí. Está respirando, ¿verdad? Pues no tienes nada más que hacer que ponerlo de lado. Y, si puedes, ve quitándole la ropa. No se va a morir, te lo prometo. Pon tu mano en su pecho, ¿a que notas el corazón latir? Es una convulsión febril, es muy frecuente, tranquila. El médico ya salió, no puede tardar. Yo estoy aquí, al teléfono, no te voy a colgar; sigue contándome cómo está el niño.

“La madre está histérica, piensa que su hijo se le está muriendo en brazos. Y no soy capaz de hacerle entender que no es grave, que no va a pasar nada, que en pocos minutos su niño va a estar perfectamente…Ojalá llegue pronto el médico…Qué pena que la UVI móvil esté ocupada, su base estaba más cerca, habríamos ganado unos minutos, la angustia de esa familia hubiera acabado antes…”

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-Una mujer está de parto. Es su tercer embarazo, está con contracciones cada 4 minutos, ha roto aguas, dice que no les da tiempo a llegar al hospital…

-Saca la UVI. ¿Quién estaba hoy de guardia? ¡Le va a encantar el aviso! Hola, compañera, creo que vais a ser tíos…Efectivamente, es un parto…Ya sabía yo que te iba a gustar, je je…¡Mucha suerte, y si es niño que le llamen Samu-el!

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-Una señora mayor inconsciente en el suelo del domicilio.

-Señor, está hablando con un médico, vamos a mandar la ayuda a su casa. Escuche, ¿su mujer es diabética? ¿Sí? Lo primero, colóquela de lado. ¿Ya está? Ahora vaya a por el aparato de medir el azúcar. Mire a ver cuánto tiene. ¿56? De acuerdo, tranquilo, es una bajada importante de azúcar. Ya estamos sacando un médico para allá. ¿Tiene usted esa medicina que se guarda en la nevera y que hay que pinchar mientras tanto? ¿No? No se preocupe, el médico llegará enseguida. Verá cómo en cuanto le puedan poner azúcar por la vena empieza a mejorar…

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-Están llamando desde un supermercado, un hombre se ha caído al suelo y parece que no puede mover un brazo.

-Hola, buenos días, soy el médico del Centro Coordinador. Necesito que me responda unas preguntas muy importantes. ¿El señor está consciente, está despierto? ¿Ve usted que el señor tenga la boca torcida? Pregúntele su nombre, ¿puede hablar? ¿Se le entiende lo que dice? Pídale que le apriete las manos, ¿hay algún brazo que no pueda mover? ¿Y la pierna? ¿Saben si tenía alguna enfermedad? Perfecto, muchas gracias, estamos movilizando la ayuda. Que el señor se mueva lo menos posible mientras llegan.

-¿Roberto? Parece un ACV: hombre de 65 años, hipertenso, que a las 12:10 horas, estando en el supermercado, comenzó con disartria, desvío de comisura y hemiplejia derecha. Estamos a tiempo de activar el código ictus, si tú me lo confirmas al llegar.

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-Entra en esta llamada, una mujer se ha caído por las escaleras y está inconsciente.

-¡Señor, soy el médico del Centro Coordinador!¡Por favor, no la muevan, déjenla como está, podría tener una lesión en el cuello! ¿Está sangrando por alguna parte? Pues busquen un paño limpio y compriman fuertemente en la herida, pero sin mover el cuello. ¿Está respirando? ¡Tranquilos, la UVI móvil está de camino, no van a tardar!

-¿Gema? Oye, esto tiene muy mala pinta. Mujer de 43 años que cae por las escaleras, parece que tiene un traumatismo craneal importante, sangra bastante, respira con ronquido y no responde a estímulos. Tiene toda la pinta de ser una hemorragia cerebral…

-Llama la médico de la UVI, ha sido un código 4.

-Mierda, no fastidies…Jolín, era muy joven, qué mala suerte, qué pena…

……………………………………………………………………………………………………………………….

-¡Atropello en Gijón! El alertante no colabora nada, no deja de decir que mandemos ya la ambulancia de una maldita vez.

-¿Pero sabemos cuántos heridos hay? ¿Cómo es de grave? ¿Es sólo alguna pierna rota, hay alguien sangrando, hay alguien inconsciente?

-No sabemos nada, ha colgado sin dar más información.

-¡Me cag…en todo! Vete sacando la UVI móvil, mientras no tengamos más datos un atropello siempre puede ser grave. ¡A ver si entra otra  llamada! ¿Les dijeron algo más a los del 112?

-No, sólo que era un atropello y que mandaran la ayuda urgente.

-Tengo al teléfono a otro alertante por el atropello. Habla de un solo herido.

-¡Gracias a Dios, entro yo! Señor, soy el médico del Centro Coordinador. Por favor, necesito más información para poder mandar la ayuda más adecuada. ¿Cómo está el herido? Sí…sí…ah, perfecto…¿Entonces no parece necesitar ayuda sanitaria? Muy bien, muchísimas gracias.

-Anulad la UVI. No se trata de un atropello, sino de un hombre que tropezó mientras cruzaba por el paso de cebra y se cayó justo delante de un coche. Se ha levantado por su propio pie y se acercará al centro de salud porque se ha hecho una herida en la rodilla. ¡Menos mal!

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-La Policía nos pide una ambulancia para una persona que ha caído en la vía pública y parece haberse lesionado la pierna.

-Manda una ambulancia.

-Las de la zona están ocupadas. ¿Saco la de Llanera?

-Perfecto.

-Acaba de entrar una llamada del médico de Llanera, está en el domicilio de una mujer con mucha dificultad respiratoria, parece un fallo cardíaco, pide la ambulancia.

-¡Vaya! Pues esto tiene prioridad sobre la caída, desvía la ambulancia de Llanera. Y la primera que nos quede libre la mandamos al señor de la pierna.

-Nos queda una libre en el hospital, la mando.

-En el centro de salud tienen un paciente con dolor torácico. La médico pide la UVI, pero está ocupada.

-Pues mándale esa ambulancia, es el recurso más rápido. El señor de la pierna tendrá que seguir esperando, vaya faena…

-Llaman reclamando la ambulancia. Dicen que llevan más de media hora con el señor en el suelo. ¿Quieres oír las amables frases que nos están dirigiendo?

-No, gracias…Si es verdad,  tienen razón…¡Pero es que todas las ambulancias están ocupadas, incluso las de las zonas adyacentes!

……………………………………………………………………………………………………………………….

El día no acaba aquí.

Todavía nos quedan 7 horas por delante, en las cuales recibiremos, entre las llamadas que piden hablar con el médico de cabecera,  o una ambulancia porque tienen volante del médico, o consejo sobre qué hacer si sube la fiebre, unas cuantas más de las que encogen el corazón.

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Un hombre de mediana edad que parece estar sufriendo un infarto grave.

Una mujer que ha sido encontrada inconsciente por su pareja, entre blisters vacíos de medicación.

Un niño que ha caído de la bicicleta y se queja mucho de dolor de espalda.

Una señora desesperada porque su madre de 83 años acaba de fallecer en sus brazos.

Una chica desmayada durante la clase de Francés.

Un incendio en un quinto piso, con varias personas afectadas por el humo.

Una señora que acaba de perder el conocimiento en la peluquería, y ahora está vomitando.

Una mujer que grita pidiendo ayuda porque su marido se quejó de un dolor en el pecho, se desplomó inconsciente en el suelo y parece no respirar.

Una madre angustiada porque se equivocó con las medicinas y le dio a su bebé el jarabe de la abuela.

Una chavala que está inconsciente en el baño de un bar; parece ser una intoxicación etílica, pero no consiguen despertarla.

Un hombre atragantado en una sidrería.

Una niña que se ha bebido media botella de champú.

Un hombre inconsciente en la calle; la pareja dice que pudo haberse pinchado heroína.

Un accidente de moto; el motorista salió despedido y está inmóvil en el suelo sangrando por la cabeza.

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Nosotros sufrimos. Lloramos. Maldecimos. Nos desesperamos. Gritamos. Intentamos calmar. Aconsejamos. Nos enfadamos. Nos emocionamos. Aplaudimos. Reímos. Nos derrumbamos.

Y seguimos atendiendo llamadas. Una tras otra. Sin parar. Hasta que entran los compañeros del siguiente turno. Para los médicos, ese cambio de turno llegará a las 10 de la noche.

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Y salimos del Centro Coordinador de camino a nuestra casa. A veces felices porque el niño se recuperó. A veces terriblemente tristes porque el hombre falleció. A veces con los gritos del padre, del hermano, de la mujer, de la hija, grabados en nuestro cerebro. Oiremos esos gritos durante muchas horas. Quizá durante días.

Llegaremos a casa y abrazaremos fuertemente a nuestros hijos, a nuestros familiares. Sabemos que somos muy afortunados de tenerles junto a nosotros. Sabemos que la vida puede cambiar en cuestión de segundos. Y que las cosas no siempre les pasan “a los otros”. Porque pasan demasiadas. En nuestra comunidad, en nuestra ciudad, a veces en nuestra misma calle.

Conocemos todas las que han sucedido hoy en Asturias. Sabemos incluso el portal y piso, la altura exacta de la calle en la que han ocurrido. Puede suceder que, de vuelta a casa, pasemos por delante “del lugar” y nos quedemos parados, con la mirada perdida, poniendo “cara” al espacio físico donde ocurrieron. Porque el audio lo conocemos: todavía resuena en nuestros oídos.

No hablaremos sobre esas llamadas con nadie. Tal vez mencionaremos alguna, la que más nos ha impresionado. Pero sin muchas ganas de profundizar. No queremos pensar en ellas. No queremos recordar lo que hemos vivido, lo que hemos oído. Sólo queremos vivir, disfrutar a tope de la vida mientras ésta nos deje. Ser felices con los nuestros. Hasta el siguiente turno.

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Y volveremos a trabajar contentos, porque nos encanta este trabajo. Nos gusta saber que, gracias a nosotros, la ayuda llega a cualquier lugar donde se precise. Policía, bomberos, ambulancias, helicópteros, médicos y enfermeros,  UVI móvil. Nosotros recibimos la llamada de socorro y activamos los recursos. Y esos recursos, la mayoría de las veces, salvan vidas. O quitan el dolor, o el malestar, o la angustia. O resuelven el problema, controlan el incendio, ponen fin a la violencia, al peligro o al descontrol. O trasladan al enfermo para que pueda recibir los mejores cuidados en el hospital. Y esto es verdaderamente gratificante.

 

Nos apasiona nuestro trabajo. Ponemos el alma y el  corazón en cada llamada. Las emergencias nos afectan de una forma que sólo entenderás si vienes aquí, al Centro Coordinador, y nos ves trabajar. Si eres testigo de nuestra desesperación y compartes nuestra angustia cuando las cosas no salen como deberían.

Lo que acaba de ocurrir no ha sido culpa nuestra. Solo tratamos de sacar en claro el tipo, magnitud y gravedad de la situación con nuestras preguntas, para organizar y enviar la ayuda. Pero hay pocos recursos. Y eso tampoco es culpa nuestra. Tratamos de hacer las cosas lo mejor y más rápidamente posible con los limitados recursos que tenemos a nuestra disposición.

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Comprendemos a los alertantes. También tenemos maridos, mujeres, hijos, padres, hermanos, amigos, compañeros. También hemos pasado, o visto a personas cercanas pasar, por situaciones parecidas.

Por favor, no pienses que al otro lado del teléfono sólo hay robots sin sentimientos. No pienses que no nos importa lo que está pasando. No pienses que no mandamos los recursos porque no queremos, o que tardamos en enviarlos porque no nos tomamos en serio las llamadas. No nos insultes ni nos desprecies porque hacemos mil preguntas, porque te pedimos un poco más de paciencia, o porque la ayuda parece estar tardando en llegar; porque no eres consciente de todo lo que está ocurriendo en tu ciudad en este mismo momento.

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Si de verdad quieres saber cómo vivimos y hacemos nuestro trabajo, te invito a pasar un día con nosotros. Sólo unas horas. Tan sólo una hora.

Nos conocerás. Escucharás lo que oímos. Sentirás lo que sentimos. Verás en nuestros ojos…

Cuando salgas por la puerta, te aseguro que tu percepción del Centro Coordinador de Emergencias habrá cambiado para siempre. Y tú también.

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Estándar
Emergencia sanitaria: con tus manos puedes salvar vidas

Está usted hablando con los servicios sanitarios

Hay comunidades (Galicia, Cantabria, Aragón, Murcia, Andalucía, Baleares, Ceuta, Melilla) que aún mantienen el 061 como número de atención de incidencias sanitarias. Quien marque el 061 en dichas comunidades ya estará hablando directamente con los servicios sanitarios. (Aún y así, quien marque el 112 en cualquiera de ellas será transferido inmediatamente al teléfono de atención sanitaria)

Mapa de las CCAA que cuentan con el número de Urgencias y Emergencias Sanitarias 061.061 en España

 

Pero en el resto de España y de Europa, todos los servicios de emergencia (sanitarios, policía, bomberos, rescate en mar y montaña, etc) están centralizados en el número 112. Tal vez las diferentes secciones estén de presencia física en la misma sala, o tal vez estén en salas separadas. Pero EL USUARIO, PARA ACCEDER A CUALQUIERA DE ELLAS, DEBE MARCAR EL   112.

Este no es un lugar para discutir las ventajas o inconvenientes del 061 o del 112. Tampoco para debatir sobre si es mejor, en las comunidades que mantienen el 061, dar instrucciones a los usuarios de que llamen al 061 en caso de tener un problema sanitario, “para ganar tiempo”, o defender la llamada al 112 aunque se pierdan unos segundos de más, porque “es gratuito y de amplia cobertura”,  “si se precisa otro tipo de recursos añadidos a los sanitarios ganaremos tiempo”, o “hay que tratar de unificar criterios en todo el territorio nacional”. Doctores tiene la gestión para eso. 

Yo sólo recomiendo a los usuarios que traten de conocer cómo funciona el sistema de alerta por emergencias que opera en su comunidad; y que aprendan a usarlo de la manera más correcta posible.

Y (repito lo dicho en el post anterior) dado que el 112 es el número “oficial” europeo, el más extendido, y además es el utilizado en mi comunidad, de aquí en adelante voy a referirme siempre al 112 y a tratar de explicar sus “peculiaridades”, para que los usuarios sepan cómo pueden sacar el mejor partido de este sistema.

 

 

duda¿CÓMO “FUNCIONA” EL 112?

 

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En las comunidades “112”, se debe marcar este número si se necesita cualquier tipo de ayuda por cualquier urgencia o emergencia. Sea cual sea, siempre será un teleoperador del 112 quien gestione la llamada en primer lugar, y la derive al servicio que se precise.

 

“Mi” Centro Coordinador (el que voy a tomar como modelo, puesto que es el que mejor conozco) es una gran sala dividida en tres partes. En una zona están los teleoperadores del 112. En el otro extremo están los teleoperadores sanitarios, que pertenecen al SAMU. Y en el centro estamos los coordinadores: los del 112 y los del SAMU, que en nuestro caso son siempre médicos. 

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(En despachos adyacentes hay trabajadores de otros departamentos, como Bomberos, Protección Civil…)

 

protocoloCuando se llama al 112 porque se necesita ayuda sanitaria, si el alertante no lo indica de entrada, el operador del 112 no lo puede saber de antemano. Deberá comenzar con su protocolo de preguntas necesarias, hasta detectar que lo que necesita el alertante es (solamente, o quizá entre otros recursos) asistencia sanitaria.

Imaginad cuántos segundos, incluso minutos, se pueden ganar si el alertante le comunica desde el principio al operador del 112 que se trata de una llamada POR UNA NECESIDAD SANITARIA.

 

 Cuando un operador del 112 reciba una llamada y se dé cuenta de que es de carácter sanitario, recabará un mínimoCCU SAMU de información (lugar del incidente y teléfono del alertante) y dirá algo parecido a “no se retire, le pongo al habla con los servicios sanitarios”.

Y entonces el alertante estará unos segundos sin escuchar nada (o tal vez una música): el tiempo que tarda el operador del 112 en contactar con un teleoperador del SAMU  (o SEM,  o sea cual sea el nombre con el que se conozca en cada comunidad al SERVICIO DE ATENCIÓN MÉDICA URGENTE)  y avisarle: “entra una llamada sanitaria desde el teléfono XXX en la dirección YYY”.

 

En Asturias, el SAMU recibe una media DIARIA de MÁS DE MIL llamadas de carácter sanitario. La gran mayoría de ellas no avisan de urgencias o emergencias. alivioAlgunas se hacen en relación a lesiones o accidentes leves. Otras, para preguntar por el centro de salud abierto más próximo, para lograr hablar con el médico de cabecera, para resolver dudas sobre algún medicamento, para solicitar consejo sobre si es preciso el traslado del paciente, o para pedir una ambulancia con volante médico previo. Otras se hacen desde un hospital, para gestionar el transporte de un paciente de un hospital a otro…

 

Es por esto que en todos los centros coordinadores hay más teleoperadores del SAMU que médicos y/o enfermeros. Esto quiere decir que ES MATERIALMENTE IMPOSIBLE QUE LOS MÉDICOS Y/O ENFERMEROS ESCUCHEN O INTERVENGAN EN  TODAS Y CADA UNA DE LAS LLAMADAS DE CARÁCTER SANITARIO.CCU oper med

 

Además, muchas de las llamadas (localizar a un médico, informar sobre un servicio de guardia, enviar una ambulancia ya pedida “en el volante” por un médico, transferir al alertante con los sanitarios que van a su encuentro, etc etc) no precisan de la intervención de los médicos o enfermeros de la sala. Los operadores del SAMU las gestionan eficazmente, y mucho más rápidamente que si tuvieran que esperar a que los sanitarios interviniesen en todas ellas.

 

¿Cuándo intervienen los médicos / enfermeros de un Centro Coordinador? 

 -Cuando la llamada avisa de una urgencia o emergencia con posible riesgo vital para el  paciente, y deben gestionar el envío de personal sanitario y dar  instrucciones para que el alertante pueda mejorar la condición del paciente, o  pueda incluso realizar maniobras  de soporte vital básico.

 -Cuando son requeridos por un usuario que necesita hacer una consulta médica directa  de carácter relativamente urgente.

-Cuando son requeridos por un médico o enfermero de Atención Primaria que   solicitan  una UVI móvil o recursos excepcionales debido a la posible gravedad del paciente que están atendiendo en su  domicilio, en la vía pública o en el centro de salud.

 -Cuando son requeridos por otro sanitario para gestionar traslados entre diferentes centros sanitarios.

 

Muchas veces los médicos / enfermeros estarán al tanto de las llamadas completas, e médico sentadointervendrán en cuanto lo consideren oportuno. Pero en ocasiones no habrán podido seguir la llamada desde el principio. Que el médico “se pinche” en la llamada dependerá de la rapidez del operador del SAMU en detectar que dicha llamada precisa de intervención médica inmediata y avisarle.

 

Y EL MÉDICO DECIDE QUÉ RECURSO ES EL MÁS ADECUADO a enviar a un aviso. PERO EL MÉDICO  NO LO ACTIVA, NO LO MOVILIZA. ES EL OPERADOR DEL SAMU QUIEN LO HACE. Es decir: el operador del SAMU necesita que el alertante, además de haber contestado a las preguntas estrictamente sanitarias, le conteste también a varias preguntas sobre la dirección, la accesibilidad, el modo de contacto en caso de que la ambulancia no encuentre el lugar…Y tal vez urgía tanto conocer el carácter de la urgencia que estas preguntas no se pudieron hacer antes.

Por favor: aunque penséis que ya habéis dejado suficientemente clara vuestra situación, no colguéis hasta que el personal del SAMU os lo indique. Todas las preguntas son importantes.

 

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Tal vez el médico del Centro Coordinador haya decidido que el aviso tiene que ser atendido por el equipo de Atención Primaria del centro de salud al que pertenezca el
paciente. Entonces el operador del SAMU deberá preguntar también nombre, apellidos y edad del paciente.

Porque serán necesarios para que el personal del Centro de Salud pueda gestionar mejor el aviso. Y porque los médicos del centro de salud tienen acceso al historial del paciente; y podrán comprobar enfermedades, alergias, medicación que toma…Podrán hacerse una mejor idea del problema que puede estar presentando el paciente; y podrán ir mejor preparados a atenderle. Incluso podrán coger medicación y material específicos para él.

Incluso es posible que el médico de Primaria quiera hablar directamente con el alertante. En cuyo caso se transferirá la llamada del alertante al centro de salud; y el alertante deberá explicar una vez más (¡tal vez la cuarta!) su problema al médico de Primaria.

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Este sistema nos podrá gustar más o menos; nos podrá parecer más rápido o más lento, más o menos eficaz. Pero es el que tenemos. Y los ciudadanos deberían saber cómo funciona; para, en caso de necesidad sanitaria, lograr acortar los tiempos y conseguir hablar cuanto antes con un médico o enfermero. Mucho más cuando se trata de una URGENCIA VITAL, ya que son ellos los que deciden qué recurso sanitario se debe enviar y quienes dan instrucciones al alertante hasta que llegue la ayuda.

Porque cuando la situación no es urgente, la mayoría de la gente soporta con relativa angustiadopaciencia las “mil y una preguntas” que se les hace. Pero cuando se trata de una urgencia o emergencia sanitaria, la desesperación de los alertantes impide tener paciencia, guardar la calma y contestar más de 2 o 3 preguntas sin perder los nervios.


 

¿CÓMO PODEMOS AGILIZAR

duda   LA LLAMADA AL  112?


1. El alertante que precise asistencia sanitaria debe saber que, cuando llama al 112,  NO VA A HABLAR CON UN MÉDICO EN PRIMER LUGAR, sino con un teleoperador del 112. Que, en cuanto comprenda que la llamada es de carácter sanitario, le habrá de transferir con un operador del SAMU. Que, en caso de detectar una urgencia o emergencia vital, va a avisar al médico / enfermero para que entren en la llamada cuanto antes. Y que en caso de decidir que el aviso debe ser atendido por un médico de Atención Primaria, le pedirán datos de filiación, o le pondrán al habla con el Centro de Salud.

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Si el alertante desconoce estos hechos, tenderá a dar al operador del 112 información en exceso. Tendrá que repetir toda la información sanitaria al operador del SAMU. Y si es necesario que hable con el médico por tratarse de una urgencia vital, y el médico no pudo “entrar” en la llamada desde el principio, tendrá que volver a transmitirle los datos necesarios y, tal vez, contestar a preguntas parecidas, por tercera vez. Y ya no digamos si precisa una cuarta vez.

Con lo que esto conlleva de pérdida de tiempo, frustración y sensación de “tomadura de pelo” para el alertante. Que descarga su más que comprensible  desesperación con una frase del estilo “¿Tengo que volver a repetirlo todo por enésima vez? ¡Dejen ya de preguntarme lo mismo una y otra vez y manden ya la maldita ayuda!”.

 

Recuerda que, cuando llamas al 112 por un problema sanitario, el operador del 112 no necesita saber lo que le ocurre al paciente con todo lujo de detalles. Sólo necesita saber que SE TRATA DE UNA LLAMADA DE CARÁCTER SANITARIO. Házselo saber cuanto antes. Y reserva los detalles sanitarios para explicárselos al personal del SAMU.


2. Si se trata de una urgencia vital, hay que intentar que un médico o enfermero comience a escuchar la llamada cuanto antes.

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¿Cómo puede un alertante que se enfrenta a una urgencia o emergencia “llegar cuanto antes al médico”?

-Recordando que el operador del 112 solo necesita saber LA DIRECCIÓN EXACTA del suceso, confirmar EL TELÉFONO que va a estar operativo durante la completa  gestión del  incidente, y saber cuanto antes que SE TRATA DE UNA LLAMADA DE  CARÁCTER   SANITARIO. 

“¡ES UNA EMERGENCIA SANITARIA! ¡PÁSEME CUANTO ANTES CON EL PERSONAL SANITARIO!”

-Sabiendo que, una vez que ya esté hablando con un operador del SAMU, CUANTO  ANTES  PRONUNCIE LAS PALABRAS “EMERGENCIA SANITARIA” (o “parada cardiorrespiratoria”, o “paciente inconsciente, no responde a estímulos”, o atragantamiento severo”, o “accidente grave, con posibles heridos graves”…),  ANTES  AVISARÁ EL OPERADOR AL MÉDICO / ENFERMERO. El operador hará una  señal al médico, y éste entrará en la llamada INCLUSO MIENTRAS EL OPERADOR  REGISTRA LOS DATOS IMPRESCINDIBLES para poder gestionar los recursos.

Y cuando el médico intervenga en la llamada, no necesitará que el alertante le  cuente todo desde el principio de nuevo. Ya lo habrá oído. SE CENTRARÁ EN HACER LAS PREGUNTAS NECESARIAS PARA SABER QUÉ RECURSO ENVIAR Y QUÉ INSTRUCCIONES DAR MIENTRAS LLEGA LA AYUDA.

Cuando llames al 112 por un paciente que pudiera estar grave, deja claro desde el primer momento que se trata de una EMERGENCIA SANITARIA. El operador del 112 transferirá la llamada al SAMU con carácter urgente. Y el operador del SAMU avisará inmediatamente al médico / enfermero para que entren a escuchar la llamada cuanto antes. Así evitarás tener que repetir la misma información varias veces.


3. Mientras hablamos con el SAMU (con un operador o con el médico / enfermero) conviene tener presentes unos datos importantes:

-LA AYUDA SE ESTÁ GESTIONANDO Y ENVIANDO MIENTRAS AÚN HABLAMOS CON EL PERSONAL DEL CENTRO COORDINADOR. El operador del SAMU la está activando mientras vosotros habláis con él o con el médico. No tenéis que colgar para que llegue cuanto antes.

-EL MÉDICO QUE NOS ATIENDE AL TELÉFONO NO ES EL MISMO QUE ACUDIRÁ A LA LLAMADA. No tiene que colgar para que la ayuda llegue antes.

Seguir hablando con el SAMU del Centro Coordinador no sólo no retrasa el envía de la ayuda, sino que posiblemente la agilice. CUANTOS MÁS DATOS SE TENGAN, MEJOR SE ACERTARÁ CON EL RECURSO A ENVIAR, Y MEJOR PREPARADO IRÁ EL PERSONAL SANITARIO.

-Mientras llega la ayuda, EL MÉDICO DEL CENTRO COORDINADOR PODRÁ DAR INSTRUCCIONES para que el alertante pueda ayudar mejor al paciente.

POR FAVOR, CONTESTA A TODAS LAS PREGUNTAS, SIGUE TODAS LAS INSTRUCCIONES Y NO CUELGUES EL TELÉFONO HASTA QUE OS LO INDIQUEN. Es difícil; pero si el alertante logra mantener la calma podrá agilizar el envío de recursos y ayudar mucho más al paciente mientras llegan.


4. Si la vida del paciente no está en peligro inminente, la gestión de la llamada podrá hacerse de una manera más completa y pausada. Si no hay una emergencia que justifique la pérdida de nervios, el alertante debe esforzarse en comprender que las gestiones telefónicas pueden llevar su tiempo, y que tal vez tenga que contestar a varias preguntas más y hablar con varias personas más. 

(Esto, que se entiende más o menos cuando debemos hacer gestiones en un banco o en Hacienda, se vuelve harto complicado de entender cuando se llama al 112)

Si la llamada va a ser transferida al Centro de Salud, por favor, tened en cuenta que se os preguntarán datos de filiación del paciente. Y que seguramente el médico de Primaria quiera hablar directamente con vosotros, para hacerse su propia composición de lugar (muy entendible, ya que será él quien acuda al domicilio y debe llevar su impresión diagnóstica, sus materiales y su medicación preparadas). Tened paciencia. La ayuda se está gestionando lo mejor posible.

Cuando llames al 112 por un asunto sanitario que NO es una urgencia vital, por favor, hazlo armado de paciencia y preparado para contestar a muchas preguntas, a varias personas, o incluso varias veces a las mismas preguntas. La intención no es molestar al usuario o retrasar el envío de la ayuda. Es que no tenemos o no logramos una forma mejor de hacer las cosas. 


 

Si todos ponemos de nuestra parte a uno y otro lado del 112, entre todos conseguiremos el mejor beneficio posible para el paciente.

 

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He tratado de explicar cómo el alertante puede enfrentarse mejor al “primer problema” de la llamada al 112: hacer una llamada correcta.

Pero si “el primer problema del 112” es no conocer suficientemente bien todos los pasos que el alertante se va a ver obligado a dar, el segundo problema se va a derivar de la escasez de recursos a enviar. Y éste será el tema de la siguiente entrada.

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Emergencia sanitaria: con tus manos puedes salvar vidas

Introducción: un blog que quiere ayudar a optimizar la cadena de supervivencia

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Me llamo Marta. Soy médico y trabajo en Asturias, en la UVI móvil y en el Centro Coordinador de Urgencias y Emergencias (lo que la gente llama “el 112”).

 

 

Raquel Palacio y Felipe Carreño, enfermeros, me invitaron a unirme a su  proyecto llamado “Con tus manos puedes salvar vidas”. Su intención era acercar la enseñanza de los primeros auxilios y las técnicas de atención a la emergencia (llamada correcta al número de emergencias 112, reconocimiento de la inconsciencia, posición lateral de seguridad, reanimación cardiopulmonar básica y maniobras de desobstrucción de la vía aérea en caso de atragantamiento) a los niños en los colegios e institutos.

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Los talleres, realizados en los colegios (para niños, pero también para profesores y padres que los han solicitado) por un grupo de enfermeros y estudiantes de enfermería voluntarios, y la difusión en redes sociales (con la página de Facebook “RCP desde mi cole” y el blog “Cuentos para aprender a salvar vidas”), han llamado la atención de centros educativos y medios de comunicación, atrayendo a más voluntarios y permitiendo extender el alcance de los talleres a más y más alumnos.

Gracias a Ana Cao Fernández, subdirectora de enfermería del área V de Asturias, los enfermeros de Atención Primaria del área V de Asturias han podido incluir estos talleres en sus competencias de atención comunitaria. Los centros de salud de Gijón tienen un equipo de enfermeros que llevan los talleres a los colegios e institutos de sus cupos. Hasta la fecha han llegado a más de diez mil alumnos. Y tienen intención de seguir hasta donde les permitan. El éxito de esta iniciativa ha sido abrumador. Y el fin último es conseguir que esta enseñanza sea obligatoria en todos los centros educativos, comenzando por los más pequeños: los niños de Infantil y de Primaria.

foto desde arriba

El interés y los debates que algunas de las entradas de la página “RCP desde mi cole” han suscitado me han animado a abrir este blog. Un blog que pretende ser un complemento más, dirigido a los chavales más mayores y a los adultos que lo encuentren útil. Un lugar donde poder  hablar más detenidamente de cuestiones sanitarias, contestar preguntas (si conozco las respuestas) y compartir opiniones. Voy a tratar de explicar lo mejor que pueda el funcionamiento del sistema de emergencias extrahospitalarias, y qué es lo que los testigos pueden hacer para ayudar a salvar una vida hasta que lleguen los servicios sanitarios. Contaré anécdotas de nuestro día a día que tal vez os sirvan para aclarar mejor algunas cosas. Y compartiré opiniones, emociones, sentimientos…que os ayuden a entender que nosotros, el personal sanitario, también somos personas que reímos, lloramos, nos asustamos, nos agobiamos, nos preocupamos, nos equivocamos…pero que, sobre todo, intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor posible.

Raquel y Felipe me han permitido generosamente utilizar el nombre de su proyecto, “con tus manos puedes salvar vidas”, para dar título al blog. Es un enorme orgullo trabajar con ellos en un proyecto tan bonito, útil y necesario. ¡Gracias, compañeros!

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Desde mi día a día como médico coordinador del 112, como médico asistencial a pie de calle en una UVI móvil, como instructora de soporte vital en cursos dirigidos a todo tipo de personas y edades, como reciente “profe”de talleres de RCP para niños a partir de los 3 años, y desde la preocupación de tener en la familia niños y adultos con problemas de corazón, espero poder ayudaros a entender un poco mejor la emergencia y nuestro de atención a la emergencia extrahospitalaria.

Y convenceros de que vuestras manos pueden salvar vidas. Porque sin vuestra colaboración los sanitarios llegamos tarde.

Nuestro sistema de emergencias no es perfecto. Hay muchas cosas que mejorar. Pero es el que tenemos. Y si conocemos cómo funciona, si aprendemos a utilizar bien los recursos, entre todos podemos salvar más vidas.

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