Emergencia sanitaria: con tus manos puedes salvar vidas

Angina. Infarto. Arritmia maligna. Muerte súbita (1).

Son conceptos que muchas personas confunden. Por eso voy a tratar de explicarlos en esta entrada; antes de centrarme, en una entrada próxima, en la muerte súbita de la gente joven y en la necesidad de multiplicar la presencia de los desfibriladores en los lugares públicos.

(Este blog está dirigido a personas no sanitarias. Ni los términos ni las explicaciones serán siempre “sanitariamente correctas”, pero espero que sean más comprensibles para ellos)

(Las fotografías que apoyan el texto están tomadas de Internet)

 

¿CUÁL ES LA FUNCIÓN DEL CORAZÓN?

Imaginad una bomba de agua eléctrica. La corriente hace funcionar el motor. Este motor aspira el agua por un tubo de entrada, y la impulsa con fuerza por otro tubo de salida, enviándola a donde ese agua se necesite.

Nuestro corazón funciona de forma parecida a una bomba de agua eléctrica. Solo que, en vez de bombear agua, nuestro corazón, nuestro motor, bombea sangre.

No voy a entrar con detalle en la anatomía del aparato cardiovascular. Simplemente voy a recordar, muy por encima, la función del corazón.

NUESTRO CUERPO NECESITA RIEGO SANGUÍNEO CONTINUO

El corazón debe bombear, por una parte, sangre “limpia”, llena de oxígeno, a todos los órganos, músculos, células del cuerpo.

Los órganos y músculos de nuestro cuerpo funcionan como pequeñas fábricas. Reciben la sangre y cogen el oxígeno que trae disuelta, para que sus “máquinas” puedan seguir trabajando a pleno rendimiento.

Cada “fábrica”, mientras trabaja,  genera unos productos de desecho (entre otros, el CO2, o dióxido de carbono), de los que se libra vertiéndolos a su vez en la sangre. Esta sangre “sucia” vuelve al corazón. Habrá que limpiarla y recargarla de nuevo de oxígeno. Y son los pulmones los  encargados de esta labor.

Así que, por otra parte, el corazón debe bombear esta “sangre sucia” hacia los pulmones. Con la respiración se elimina el CO2, y la sangre se “limpia”. Los pulmones atrapan el oxígeno que respiramos, y lo vierten en la sangre. Esta sangre ya “limpia” y recargada de oxígeno vuelve al corazón, que de nuevo la bombea hacia todos los órganos, músculos y células que necesitan ese oxígeno para seguir trabajando.

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Es decir: el corazón no es exactamente “una bomba”. En realidad consiste en 2 bombas independientes que funcionan a la vez.  

 

El corazón es un motor formado por un músculo “hueco por dentro” y un conjunto de cavidades, válvulas, tabiques, “cañerías” y “cables”.

El músculo cardíaco propiamente dicho, también llamado MIOCARDIO, encierra  4 espacios o cámaras cardíacas: por un lado, la aurícula y el ventrículo e39derechos; por el otro, la aurícula y el ventrículo izquierdos.

La bomba izquierda está formada por la aurícula izquierda, el ventrículo izquierdo, el músculo cardíaco que rodea a ambos y la válvula mitral que los comunica. Esta bomba izquierda  recibe “sangre limpia” desde los pulmones y la bombea al resto del cuerpo.

La bomba derecha está formada por la aurícula derecha, el ventrículo derecho, el músculo cardíaco que rodea a ambos y la válvula tricúspide que los comunica. Esta bomba derecha  recibe “sangre sucia” de vuelta de todo el cuerpo y la bombea a los pulmones para que estos la limpien.

Ambas bombas están separadas por tabiques que impiden que la sangre “limpia” y la “sucia” se mezclen.

Las aurículas y ventrículos, huecos, se llenan y se vacían de sangre gracias al músculo cardíaco (miocardio) que las rodea, que se contrae (SÍSTOLE) y se relaja (DIÁSTOLE) en cada latido cardíaco.

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¿CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA DE BOMBEO?

La sangre llega al corazón a través de unas “cañerías” llamadas venas. Y abandona el corazón a través de otras “cañerías” llamadas arterias.

Desde las venas la sangre entra a las aurículas. Para que las aurículas puedan llenarse de sangre, el músculo cardíaco que las rodea debe estar relajado (diástole de las aurículas).

A la aurícula izquierda le llegará sangre “limpia” desde los pulmones, a través de las venas pulmonares. A la aurícula derecha le llegará sangre “sucia” desde el resto del cuerpo, a través de las venas cavas.

Ahora cada aurícula debe mandar la sangre que contiene a su ventrículo correspondiente. Para ello el músculo cardíaco que rodea las aurículas se contrae  (sístole de las aurículas),latidos “exprimiéndolas” y empujando la sangre que contienen a los ventrículos. Mientras tanto, para poder ensancharse y llenarse mejor de sangre, la pared muscular de los ventrículos debe estar relajada  (diástole de los ventrículos).

Una vez que los ventrículos están completamente llenos de sangre, es su turno de “exprimirse” gracias a la contracción del músculo cardíaco que los rodea  (sístole de los ventrículos). El ventrículo izquierdo lanzará toda su sangre “limpia” al resto del cuerpo a través de la arteria aorta. El ventrículo derecho mandará su sangre “sucia” a través de la arteria pulmonar, para que los pulmones la limpien de CO2 y la recarguen de oxígeno.

 Cuando el músculo cardíaco que rodea las aurículas se relaja de nuevo, las aurículas vuelven a “aspirar” la sangre que viene de vuelta. Vuelven a llenarse de sangre. Y con la siguiente contracción de las aurículas, el ciclo vuelve a empezar.

 

¡EL CORAZÓN TAMBIÉN NECESITA RECIBIR SANGRE!        LAS ARTERIAS CORONARIAS

El corazón es un órgano más, que debe realizar su trabajo (que es, precisamente, bombear sangre). Y para ello necesita recibir continuamente sangre “limpia”, llena de oxígeno. La sangre tiene que regar todo el músculo cardíaco, llevando oxígeno a esas células cardíacas que se contraen y se relajan sin parar.

Así que el corazón, además de bombear sangre para el resto de los órganos, se la tiene que mandar también a sí mismo.

fig10_a¿Y cómo se manda oxígeno a sí mismo? A través de las arterias coronarias, que salen de la arteria aorta cargadas de sangre “limpia”.

¿Y cómo se deshace de la sangre venosa, “sucia”,  llena de productos de desecho que el músculo cardíaco produce tras su trabajo de bombeo? A través de las venas coronarias, que desembocan en la aurícula derecha (la que recoge la sangre “sucia” de todo el cuerpo).

 

ESTE BOMBEO NO SE PARA NUNCA:    EL SISTEMA ELÉCTRICO DEL CORAZÓN 

Pero ¿cómo logra el corazón estar latiendo rítmicamente, sístole-diástole, sístole-diástole, sin parar ni un solo instante, hasta que la persona muere?

El corazón, además de las “cañerías” (arterias y venas) que llevan la sangre por todo el cuerpo, y también al propio corazón, tiene un complejo sistema eléctrico encargado de “arrancar” ese bombeo cardíaco de sangre.

Este sistema eléctrico está formado por un pequeño generador llamado nodo sinusal (NS) , que está en la pared de la aurícula derecha;  y por un entramado de “cables” (el haz de Hiss y las fibras de Purkinje) que se distribuyen por todo el músculo cardíaco, y que harán llegar la corriente eléctrica a todas y cada una de las células musculares del corazón.

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Este pequeño generador, este NS, es un marcapasos automático. La fábrica genética, el ADN, le colocó una batería de larguísima duración, que se supone que debe durar entre 75 y 100 años, según la “casa comercial” (genética familiar) que la fabrique. Y lo programó para que vaya formando impulsos eléctricos automáticos sin parar, y los vaya lanzando continuamente.

Debe lanzar más o menos uno cada segundo. Entre 60 y 100 por minuto. Más rápido si el cuerpo está trabajando, corriendo o en tensión (porque necesita más sangre oxigenada, y el corazón tendrá que latir más rápidamente). Más despacio si el cuerpo está relajado, descansando o durmiendo (porque ni los órganos ni el corazón necesitan trabajar tan deprisa). 

Y deberá hacerlo desde el día que el ADN lo encendió (el día 21 de gestación del embrión) hasta el día en que la batería que lleva se le “agote” y el corazón se pare definitivamente en la muerte natural.

El NS “se enciende” y genera un impulso eléctrico. Esta electricidad se extiende por todo el sistema de cables, recorriendo todas las células cardíacas que rodean las aurículas y los ventrículos.

Cuando nosotros recibimos un “calambrazo”, nuestros músculos se contraen.

Cuando el anacircu4NS “enciende el interruptor” y genera un impulso eléctrico, lo lanza por el sistema de cables que recorren el corazón.  Cuando el impulso eléctrico va llegando a las células cardíacas, estas reciben el “calambrazo” y se contraen, “exprimiendo” primero las aurículas y más tarde los ventrículos, vaciándolos de sangre y lanzándola por las arterias (aorta, pulmonar, coronarias).  Así se origina la SÍSTOLE: la contracción del músculo cardíaco.

Cuando la corriente ya ha pasado por todo el músculo cardíaco, cuando ya se ha logrado una contracción completa que ha vaciado los huecos de sangre, el NS se “apaga”. Cesa el estímulo eléctrico. Y las células cardíacas se relajan, en el mismo orden en el que antes se contrajeron. Descansan, se estiran. Permiten que, primero las aurículas y más tarde los ventrículos, agranden sus cavidades, para que se puedan volver a llenar de la sangre que ahora vuelve por las venas (cavas, pulmonares, coronarias). Es la DIÁSTOLE: la relajación del músculo cardíaco.

El NS está programado para volver a “encenderse automáticamente” y generar otro impulso eléctrico pasados uno o dos segundos. Y vuelta a empezar.

Click-click.    Encendido-apagado.  Impulso eléctrico-cese del impulso.    Contracción del músculo cardíaco – relajación.    Sístole-diástole.    Aurículas-ventrículos.   

Más rápido o más despacio, según las necesidades del cuerpo.

La sístole de las aurículas coincide con la diástole de los ventrículos. La diástole de las aurículas coincide con la sístole de los ventrículos. Tiene que haber un orden y una coordinación estrictos en el ciclo cardíaco para lograr que la sangre “limpia” y la sangre “sucia” circulen sin cesar por todo el cuerpo.

Si algo falla, si esta coordinación se pierde, el ciclo cardíaco se alterará ,      y el bombeo del corazón será ineficaz.

 

¿QUÉ ES UNA ANGINA?

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Hemos dicho que las arterias coronarias son las encargadas de llevar sangre “limpia” al músculo cardíaco del propio corazón, para que éste pueda utilizar ese oxígeno para seguir ejerciendo su función de bombeo.

Hay 2 arterias coronarias principales: la derecha y la izquierda (una para cada “bomba” del corazón). Cada arteria coronaria se va subdividiendo en ramas menores. Cada rama de las arterias coronarias es una pequeña “manguera”, bastante blanda y flexible, que lleva sangre oxigenada a una parte diferente del músculo cardíaco.

 

A veces una de estas ramas coronarias se obstruye parcialmente, por alguna de las siguientes razones:

-Por culpa de un coágulo de sangre, que haría un efecto similar al de “una piedra que ocluyera la manguera” e impidiera el paso de la sangre.

-O por placas de colesterol, o “ateroma“, que se han ido acumulando por dentro de las paredes de las arterias coronarias tras años de comer con exceso de grasa. Son arterias con “aterosclerosis

Aún peor tienen las coronarias los pacientes que fuman o tienen la tensión alta, porque además de tener placas de ateroma pegadas, sus coronarias serán duras, rígidas, poco flexibles, con más dificultad para acomodar su diámetro al paso de la sangre. Son arterias con “arterioesclerosis“.

-O por un espasmo violento de la propia arteria (como si alguien “pisara la manguera de repente, impidiendo que fluya el agua”).

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Cuando el paciente no hace grandes esfuerzos, la sangre fluye “a ritmo normal” sin excesivos problemas, a pesar de que estas coronarias estén algo rígidas y estrechas. 

Pero cuando el paciente realiza un esfuerzo del tipo que sea, su corazón late más rápido. Y el mismo corazón necesita recibir sangre oxigenada a mayor velocidad. Pero las coronarias afectadas no lo permiten.

La parte del músculo cardíaco que depende de esa coronaria deteriorada para recibir sangre oxigenada no recibe toda la que necesita en ese momento. Sufre ISQUEMIA (falta de riego sanguíneo).

infarto2Esa parte del miocardio comienza a quejarse fuertemente: “¡Eh, que no me llega sangre, que me estoy poniendo malo!“. El paciente comienza a notar un fuerte dolor opresivo en el pecho. Este dolor puede quedarse en la zona torácica, o puede ir también al brazo izquierdo, a la espalda, a la mandíbula. Es el dolor típico de la conocida como “ANGINA DE PECHO“.

“ANGINA” significa literalmente “DOLOR de características isquémicas, debido a falta de riego sanguíneo”.

“Angina” no es sinónimo de “infarto”

(“Angina” sólo significa “dolor”. El dolor puede deberse a un infarto o simplemente a una dificultad temporal en el paso de sangre por las arterias coronarias)

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La mayoría de las veces, esa obstrucción de la arteria coronaria se arregla sola en pocos minutos, y el miocardio deja de “protestar”.

-Tal vez un pequeño coágulo haya taponado parte de la arteria, pero la fuerza de bombeo de la sangre que empuja por detrás termina por “desprenderlo” enseguida.

-Tal vez durante la taquicardia del esfuerzo una coronaria muy estrecha no haya dejado pasar toda la sangre que el miocardio acelerado necesita. Pero cuando el paciente se queda en REPOSO ABSOLUTO, el corazón frena su ritmo. Y a velocidad normal, la sangre ya no tiene problemas en pasar.

-Tal vez la arteria sufra un espasmo de corta duración, y se abra de nuevo en pocos minutos, por sí misma o ayudada por la CAFINITRINA o nitroglicerina  (una pastilla cuya misión es precisamente esa: “dilatar las arterias“, ayudar a las arterias coronarias que han sufrido un espasmo a relajarse y abrirse de nuevo).

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Sea cual sea el motivo de la ISQUEMIA (y, por tanto, de la ANGINA, o “dolor de protesta del músculo cardíaco”), si ese dolor anginoso dura menos de 10-15 minutos y cede por completo con estas medidas de reposo y 1 o 2 cafinitrinas, encontrándose el paciente “como si no hubiera pasado nada”, es poco probable que el corazón haya llegado a dañarse seriamente. 

Si la parte “dolorida” del miocardio ha vuelto a recibir sangre oxigenada en pocos minutos, el episodio se llamará  “angina leve”, “isquemia miocárdica limitada”, “aviso del corazón”. Pero NO se tratará de un infarto.

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Si es la primera vez que esto le ocurre a una persona, aunque el dolor haya cedido y ya se encuentre bien, debe consultarlo con su médico para realizar un electrocardiograma e iniciar estudios cardiológicos. Puede tratarse del primer aviso de que alguna coronaria anda mal. Y, de estar indicado, empezará a tomar tratamientos para evitar que las coronarias sigan deteriorándose.

Pero muchos pacientes “ya se conocen” estos síntomas. Han sufrido este tipo de dolores al someter a su corazón a algún esfuerzo (caminar deprisa, correr, subir escaleras, comer demasiado, levantar pesos). Tal vez un cateterismo les ha alertado de que sus arterias coronarias están bastante estropeadas, rígidas, estrechadas debido a placas de colesterol acumulado. Y seguramente ya están tomando varios medicamentos para el corazón. A algunos hasta les habrán puesto un muelle (stent) en una coronaria demasiado estrecha, para impedir que se cierre del todo.

Han recibido la orden de “quedarse en absoluto reposo” en cuanto comiencen con su dolor característico, para lograr frenar los latidos demasiado rápidos de su corazón. Y de tomar una o dos cafinitrinas, para intentar que las coronarias se relajen, se “abran” para dejar pasar mejor la sangre.

Un electrocardiograma realizado en el centro de salud más cercano puede descartar que el corazón haya sufrido daños, y ayudar a tranquilizar al paciente.

Pero muchos pacientes que ya han tenido varios episodios similares y que “conocen sus anginas”, cuando se recuperan por completo en pocos minutos ni siquiera acuden al médico. Sólo consultan cuando “algo en el dolor de siempre” ha cambiado: la localización, la duración, los síntomas…

 

¿QUÉ ES UN INFARTO?

Si una arteria coronaria, o una de sus ramas, se obstruye POR COMPLETO, y esta obstrucción dura más de 15 minutos, la parte del miocardio que se está quedando sin sangre puede quedar seriamente dañada. Puede sufrir una necrosis. Y si la obstrucción no se libera enseguida, esas células cardíacas pueden terminar muriendo.

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Si la rama coronaria obstruida es muy pequeña, la parte del miocardio que se verá afectada será mínima.  Pero cuanto mayor sea la coronaria obstruida, o más numerosas las ramas afectadas, más extensión de miocardio estará “en peligro de muerte”.

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El paciente notará el dolor torácico característico de la angina, del corazón que se está quejando por falta de oxígeno.

Pero este dolor será muy intenso, opresivo, “como si un puño le apretara fuertemente el corazón”, “como si tuviese un gran peso aplastándole el corazón”.

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Ese dolor se puede quedar en el centro del pecho, o “en la boca del estómago”; o puede irradiarse a los hombros, la mandíbula, la espalda, el brazo izquierdo o los antebrazos.

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Y no cederá con el reposo, ni con las cafinitrinas. La coronaria está completamente obstruida, cerrada, y esas medidas no son suficientes para abrirla.

El paciente se pondrá pálido, muy sudoroso, agitado, desasosegado. Tendrá náuseas o vómitos. Le costará respirar. Notará una sensación de “muerte inminente”.

Esto es lo que se suele llamar un “ataque al corazón“.

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Si en ese momento se hace un electrocardiograma, se verán alteraciones claras en comparación con un trazado normal. El músculo cardíaco no funciona bien. La parte afectada del miocardio no se está moviendo correctamente.

Si en ese momento se hace una analítica, las TROPONINAS (que son sustancias que el corazón dañado vierte en la sangre) estarán elevadas. El corazón está sufriendo un daño serio.

Esto es un INFARTO: el DAÑO SEVERO de una parte del miocardio. Este daño puede ser irreversible, ocasionando la muerte de las células cardíacas afectadas y un peor funcionamiento del músculo cardíaco.

Cuanto más tiempo permanezca la arteria coronaria obstruida, más y más células cardíacas se verán afectadas. La extensión del infarto irá creciendo poco a poco. Más tejido miocárdico se irá necrosando y muriendo por falta de riego.

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Una vez que el músculo cardíaco ha sufrido un INFARTO, las células cardíacas más afectadas por la falta de riego morirán sin remedio. Nunca podrán volver a recuperarse, a moverse y contraerse tan bien como antes. En realidad los infartos no se “curan”.

Pero SE PUEDE TRATAR DE FRENAR SU PROGRESIÓN Y DISMINUIR SUS SECUELAS.

Y SOLO TENEMOS UNAS POCAS HORAS DE MARGEN para tratar de liberar esa coronaria obstruida.

Si se consigue abrir enseguida, el miocardio afectado recibirá sangre de nuevo; y no seguirán muriendo células cardíacas. A veces, con el tiempo, el músculo cardíaco logrará recuperar gran parte de su movilidad. Las secuelas serán mínimas; incluso indetectables.

En cambio, si el paciente pasa más de 4-6 horas desde el inicio de los síntomas sin recibir ningún tipo de tratamiento, toda la parte del miocardio que debía ser irrigada por esa arteria obstruida quedará severamente dañada, necrosada; y sus células morirán sin remedio.

La parte de miocardio que se ha necrosado de modo irreversible no se moverá correctamente con los latidos cardíacos. No se contraerá en la sístole, no bombeará la sangre con la fuerza suficiente. El paciente se fatigará con los mínimos esfuerzos. La sangre no podrá ser lanzada por las arterias y se quedará estancada en las cámaras cardíacas o en las venas. El paciente sufrirá fallos cardíacos, “encharcamientos” pulmonares, anginas frecuentes. Tal vez le queden cicatrices en el miocardio, que le terminen provocando arritmias.

A MAYOR EXTENSIÓN DEL INFARTO, Y CUANTO MÁS TIEMPO SE TARDE EN RECIBIR LOS TRATAMIENTOS ADECUADOS, MAYOR SEVERIDAD DE LAS SECUELAS.

¡EN UN INFARTO,  EL TIEMPO ES CORAZÓN!

 

Así que es imprescindible saber reconocer los síntomas que tiene la persona que puede estar sufriendo un infarto: dolor intenso y opresivo en el pecho, que puede extenderse al brazo izquierdo, a los antebrazos, a la mandíbula o a la espalda; acompañado de palidez, sudoración, náuseas y dificultad respiratoria, con sensación de muerte inminente, que dura 15 minutos o más, Y QUE NO CEDE CON 2-3 CAFINITRINAS NI CON EL REPOSO ABSOLUTO.

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Por desgracia no todos los pacientes sufren estos síntomas tan claros. Los pacientes diabéticos, los ancianos, los que toman mucha medicación y las mujeres suelen tener síntomas más larvados, que se confunden con problemas gástricos o dolores musculares. Incluso existen los infartos “silentes”, que nunca ocasionaron dolor. Por suerte son los menos frecuentes.

Aún y así, cuando una persona comience con un malestar y un desasosiego intensos, como nunca antes había sufrido, hay que sospechar que algo “extraño” le pueda estar pasando. Y con más razón si esa persona fuma, es hipertensa, tiene el colesterol alto, es diabética, toma mucha medicación, es una mujer relativamente joven o toma anticonceptivos (que aumentan la tendencia a formar trombos).

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En cuanto un paciente comience a sufrir los síntomas característicos o sospechosos de un INFARTO, debe sentarse y permanecer en ABSOLUTO REPOSO (para que el corazón se someta al mínimo esfuerzo posible). Y SE DEBE AVISAR INMEDIATAMENTE AL 112. Un equipo médico y una ambulancia (si es posible, una UVI móvil) deben movilizarse y acudir junto al paciente sin demora (a no ser que no estén disponibles; en cuyo caso el Centro Coordinador pedirá a la familia que trasladen al paciente lo más rápidamente posible a un centro sanitario).

Se deben realizar cuanto antes un electrocardiograma y una analítica (en el mismo lugar, en el centro de salud o en el hospital, según la disponibilidad de los recursos sanitarios) que busquen los signos del daño del miocardio. Y si se confirma este daño, se deben iniciar de inmediato los tratamientos dirigidos a liberar la obstrucción de esa arteria coronaria.

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Los primeros tratamientos médicos se le darán al paciente en el mismo lugar (domicilio, centro de salud o lugar público) donde sea atendido. Su finalidad será disolver el coágulo de sangre que está taponando la coronaria (antiagregantes), relajar las arterias para que las paredes se dilaten y dejen pasar más sangre (vasodilatadores potentes), aumentar el oxígeno que transporta la sangre para que cada gota de sangre que el corazón dañado reciba esté cargada por completo de oxígeno (gafas o mascarilla de oxigenación), y quitar en lo posible el dolor y la sensación de angustia y de muerte inminente del paciente (analgésicos).

En muchos casos, estos tratamientos son suficientes para liberar la coronaria y terminar con la progresión del infarto.

Si el paciente lleva menos de 3 horas con síntomas de infarto, se activará el CÓDIGO CORAZÓN (el nombre varía en las diferentes comunidades): el paciente será trasladado a una sala hospitalaria de alta prioridad, donde los cardiólogos y hemodinamistas valorarán la posibilidad de realizar un CATETERISMO para desobstruir la arteria coronaria “desde dentro” (esto no siempre está indicado ni siempre es posible; pero si lo es, se hará de inmediato).

Y tal vez se deba colocar un pequeño muelle (stent) dentro de la arteria deteriorada. Este muelle mantiene abierto el canal de la arteria, impidiendo que las placas de ateroma la vuelvan a cerrar en poco tiempo.

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A pesar de las secuelas (anginas, fallos cardíacos, “encharcamientos pulmonares”, cicatrices en el miocardio…) que los infartos extensos pueden dejar al paciente, un paciente no tiene por qué morir por el infarto propiamente dicho.

Incluso con las coronarias obstruidas, con una parte importante del miocardio afectada, el sistema de conducción eléctrica sigue haciendo su trabajo. El NS sigue generando automáticamente impulsos eléctricos, que viajan por los “cables” y provocan la contracción y relajación ordenada del músculo cardíaco que no está dañado por el infarto.

Continúan los ciclos de sístole-diástole. Continúa el bombeo de sangre al resto del cuerpo y a los pulmones. El corazón está sufriendo, está haciendo un esfuerzo de bombeo a pesar de la isquemia y del dolor. Y sigue bombeando sangre, aunque una parte del miocardio no funcione bien, no se contraiga como debería.

Cuanto mayor sea el infarto, menos miocardio podrá seguir adelante con su trabajo de bombeo. A veces bombear sangre se convierte en una tarea titánica para el corazón. El miocardio está tan afectado que no tiene fuerza de bombeo. La tensión baja muchísimo: el cerebro recibe muy poca sangre, el paciente se marea; puede llegar a desmayarse. Los pulmones pierden energía: cada respiración cuesta un tremendo esfuerzo. La palidez va en aumento: no hay ni siquiera fuelle para que la sangre llegue a la piel.

Pero, salvo que el infarto sea masivo y el miocardio quede prácticamente imposibilitado, o que se rompa un tabique o el propio miocardio y la sangre “se escape” del corazón (sucesos afortunadamente poco frecuentes, pero que causarían la muerte con rapidez), el corazón hará lo posible y lo imposible para seguir latiendo, para que el cuerpo que depende de él siga con vida.

 

INFARTO Y MUERTE SÚBITA

No todos los infartos producen una muerte súbita. Ni mucho menos.  Todos conocemos personas (¡en realidad la gran mayoría!) que han sufrido un  infarto y han llegado vivos al hospital. Les han puesto los tratamientos pertinentes (medicamentos, cateterismo, “stents”) y han salido adelante sin haber llegado siquiera a perder el conocimiento en ningún momento.

Incluso hay personas que han pasado un infarto “a pelo”, sin haber ido al hospital. Algunos hasta sin haberse enterado siquiera (no tuvieron los síntomas típicos;  por lo tanto, no consultaron. Y sólo descubren que han sufrido un infarto en algún momento de sus vidas en revisiones médicas por otros motivos).

 

Entonces ¿cuándo un infarto provoca una muerte súbita?

Por una parte, si la gravedad es extrema: si el infarto es tan grande que no queda suficiente tejido cardíaco sano para poder bombear sangre al resto del cuerpo. O si una de las paredes del corazón, o uno de sus tabiques, se rompe y provoca que el corazón se “vacíe” de sangre.

Estas situaciones, por fortuna, son muy poco frecuentes. Pero si ocurre cualquiera de ellas, el miocardio queda completamente inutilizado. Y si el corazón no late, no bombea sangre, el resto del cuerpo no recibe sangre. Los músculos pierden tono; la persona se desploma. El cerebro se “apaga”; cesan los movimientos, la respiración, la mirada, los signos de vida.

El paciente sufre una muerte súbita debido a que las células cardíacas quedan inutilizadas por completo. El corazón entra en ASISTOLIA: la temida línea plana que indica la muerte, poquísimas veces reversible. Solamente en algunos casos afortunados la medicación (adrenalina) logra “recargar” el corazón de energía y “reactivar” el sistema eléctrico.

Pero esta causa de muerte súbita, por fortuna, es muy poco frecuente.

La muerte súbita que a veces sucede durante el infarto suele tener otra explicación.

 

MUERTE SÚBITA POR ARRITMIA MALIGNA.

Hemos dicho que un infarto (a no ser en los casos muy severos de rotura del músculo cardíaco o de afectación miocárdica masiva) no suele provocar por sí mismo, por la pura isquemia o falta de riego, la muerte del paciente.

Excepto en los casos en los que la zona dañada, necrosada, del miocardio, “pilla un cable eléctrico”.

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El sistema de “cableado” del corazón (el haz de Hiss y las fibras de Purkinje) discurre entre las fibras musculares del corazón. Si la parte de miocardio que se queda sin riego sanguíneo contiene uno de los “cables principales”, el sistema eléctrico sufrirá un “cortocircuito“.

Cuando los aparatos eléctricos sufren un cortocircuito, comienzan a hacer cosas extrañas. Las pantallas se quedan en blanco, o parpadean,o aparece “niebla”… En cualquier caso no funcionan correctamente.

fibrilacion-ventricularCuando el sistema eléctrico del corazón sufre un cortocircuito, deja de funcionar correctamente.  El NS deja de generar impulsos eléctricos regulares y continuos. Y tampoco es capaz de “cortar la corriente”.

Aparece un caos eléctrico que se traduce en una falta absoluta de ritmo. Todo el músculo cardíaco tiembla, incapaz de deshacerse de ese estímulo eléctrico que lo recorre sin control. Se contrae y se relaja sin orden, sin fuerza, sin sentido.

Este “caos eléctrico” se conoce como FIBRILACIÓN VENTRICULAR. Es la más frecuente de las TAQUICARDIAS MALIGNAS que puede provocar un cortocircuito del sistema eléctrico cardíaco.

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La fibrilación ventricular se reconoce en un electrocardiograma como un trazado arrítmico, irregular, de ondas y puntas que suben y bajan sin ningún orden.

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Cuando el corazón de un paciente entra de repente en fibrilación ventricular, desaparecen la sístole y la diástole. Las continuas contracciones desordenadas del músculo cardíaco no son capaces de generar un latido eficaz. El corazón no puede bombear sangre. El cuerpo entero deja de recibir sangre de repente. Todos los órganos, todos los músculos.

La persona pierde de golpe toda la fuerza muscular y se desploma en el suelo.

Y el cerebro, que es el más sensible de los órganos, cuando deja de recibir riego sanguíneo por completo se apaga. Deja de transmitir órdenes al resto del cuerpo.

Cesan los movimientos. Cesa la respiración. Cesan la mirada y el habla. Cesan los signos de vida. El paciente acaba de sufrir una MUERTE SÚBITA.

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Una fibrilación ventricular equivale para el paciente a una parada cardíaca brusca y completa, que provoca la MUERTE SÚBITA.

EL ÚNICO TRATAMIENTO EFICAZ PARA LA FIBRILACIÓN VENTRICULAR ES LA DESFIBRILACIÓN PRECOZ.

Una persona que esté sufriendo los síntomas de un posible infarto no debe quedar nunca infarto-cardiaco1sola, si es posible. Porque nunca se sabe si, justo por la zona del corazón que está sufriendo la falta de riego debido a la obstrucción de una coronaria, pasa un cable. En cualquier momento esa persona puede sufrir una muerte súbita de origen “eléctrico”.

Y entonces los testigos deberán “convertirse en el corazón de esa persona”, comenzando RCP al menos con compresiones torácicas hasta que llegue la ayuda sanitaria.

                               

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AQUÍ  (Muerte súbita (2). Fibrilación ventricular. Desfibrilación. )  explico más detalladamente qué es la muerte súbita por fibrilación ventricular. Y que no todas las muertes súbitas ocurren en personas que están sufriendo un infarto. Ni mucho menos. También pueden ocurrir en gente joven y aparentemente sana. Incluso en niños.

En una siguiente entrada explicaré qué es y cómo funciona un DESFIBRILADOR. Y por qué es tan importante disponer de un desfibrilador en pocos minutos. Y por qué es tan importante la actuación inmediata de los testigos, que deben iniciar inmediatamente RCP hasta la llegada de los servicios sanitarios.

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5 thoughts on “Angina. Infarto. Arritmia maligna. Muerte súbita (1).

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